Una nueva medicina para una nueva sociedad.

Por Vicenç Herrera Adell, Médico.

Una de las cuestiones, todavía no resueltas, en el campo de la salud y la enfermedad, es comprobar hasta que punto los factores sociales son determinantes en los cuadros clínicos, en su producción, evolución y pronóstico. Hasta ahora no se ha desarrollado aún una posibilidad concreta de resolver esta cuestión, probablemente por falta de un marco conceptual que lo contemple. Aunque surgen intentos que tratan de analizar la conexión entre lo social y lo biológico y viceversa. Así, a finales del mes de abril del 2001, asistí, invitado como ponente por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, a unas jornadas sobre biotecnología, biomedicina y sociología. Su director: Javier Sánchez Carrión, un conocido experto en metodología estadística, organizó este seminario transdisciplinar con un doble objetivo: reflexionar en el ámbito de la sociología sobre el auge de lo biológico en el desarrollo de nuestra sociedad, y tratar de encontrar una nueva síntesis entre la biología y la sociología que supere el reduccionismo actual que pretende explicar exclusivamente en términos moleculares los procesos relacionados con la vida.

Los últimos descubrimientos en biología molecular y su aplicación práctica como ingeniería genética en la búsqueda de recursos alimentarios para una población mundial cada vez más en aumento, y como terapia génica en enfermedades graves en las que sobresale el cáncer, justificaban un análisis en profundidad no solo de sus repercusiones sobre el entorno social, sino también sobre la influencia del mismo en las decisiones y aplicaciones concretas de estas técnicas.

En estas jornadas considere el cáncer y lo situé en un marco que contempla, precisamente los factores sociales. Este encuadre fue fruto de una experiencia con esta enfermedad en la practica clínica generalista a lo largo de 20 años en unas condiciones determinadas1, que me condujo hace 7 años a una ruptura con el modelo genético convencional que sustenta esta enfermedad y que justifica su actual abordaje terapéutico. Este cambio se produjo por dos motivos:

  1. Por constatar la influencia de las relaciones sociales en la génesis del cáncer, observadas en la práctica en que las condicionantes personales, familiares, laborales, culturales estaban subyacentes en el cáncer. Por lo que no podía descartar como falaz la existencia de un vínculo entre los factores psicosociales y la aparición de la enfermedad cancerosa. Además pude observar una asociación estadística de los índices de paro y las tasas de mortalidad por cáncer de pulmón en el Estado Español durante la década de 1975 a 1985, en la que se observa un aumento paralelo de ambas variables
  2. . Por la necesidad de utilizar otro modelo explicativo para tratar de entender el comportamiento del cáncer, ya que el actual no cumple los requisitos básicos que demanda la ciencia como son los de explicar y prever los fenómenos observados. Para justificar esto, argumenté, entre otras, la existencia de las llamadas curaciones espontáneas del cáncer; la presencia de cuestiones no resueltas en el SIDA, ya que no se observa una mayor incidencia de tumores habituales en nuestro medio (pulmón, mama, colon, estómago) en las fases terminales de esta enfermedad.

El modelo convencional considera al cáncer como una enfermedad genética, producto de un descontrol celular ocasionado por una serie de mutaciones en los genes. Cambios que suceden en un juego por facilitar el crecimiento celular –protooncogenes- y neutralizar el freno del mismo con la supresión de los factores de inhibición del crecimiento. En general estos fenómenos se consideran desde una perspectiva defensiva, en donde el sistema inmune detiene el crecimiento celular en su momento indicado e impide la aparición del tumor. Este aparece cuando este sistema de reconocimiento y defensa no es capaz de efectuar esta función. Esta misma consideración es adoptada por algunos oncólogos moleculares, ya que consideran el cáncer como un accidente evolutivo: al aumentar la esperanza de vida en los últimos años de existencia de la especie humana en el planeta, el sistema inmunológico pierde su capacidad reguladora y, así, se facilita el crecimiento de tumores en la llamada tercera y cuarta edad. Aunque esta explicación no justifica el aumento de cánceres en personas jóvenes, en los últimos años, y sobretodo los que sobrevienen en la primera infancia.

El encuadre propio que sustento la génesis del cáncer se fundamenta en las propuestas de Ryke Geerd Hamer y su Nueva Medicina

. Esta, a mi entender, resulta ser un sistema complejo de interconexión entre los seres vivos y su entorno, en donde se considera una dimensión biológica de la conducta, o lo que en mi terminología personal he definido como la existencia de una conexión neuro-somática del comportamiento, que se expresa en una correlación psico-neuro-somática (psiquismo, cerebro y órganos). En esta perspectiva se hace necesario tener en cuenta una serie de requisitos previos que sirvan para facilitar su comprensión.

En el marco de estas jornadas refrenciadas, mi interés se centraba en verificar si existía una base biológica que explicara una respuesta celular interconectada -no lineal- con el entorno, y si esta adquiere un sentido que sea previsible. Sentido que justificaría unos de los criterios utilizados en la ciencia: Prever los fenómenos.

En este objetivo las intervenciones de Máximo Sandín (Biólogo) y Carlos Sentís (Genetista Humano6) aportaron, no solo una respuesta a la cuestión que he planteado anteriormente, sino que me clarificaron los fundamentos biológicos que sustentan el nuevo modelo explicativo de la enfermedad y del cáncer en particular:

  1. Que los cambios postadaptativos de las especies, expresados en la filogenia de los seres vivos que habitan la Tierra, se sitúan en la memoria biológica de las células agrupadas en los órganos que constituyen el cuerpo. Esta memoria insertada en la evolución por cooperación entre las especies –endosimbiosis7- es la que se expresa en los cambios que observamos en la enfermedad.
  2. Que el sistema genético (ADN>ARN>Proteínas) tiene una doble dirección que conecta el llamado «ambiente externo» con el sistema celular «ambiente interno» que forma parte del cuerpo. Conexión que se efectúa con mediadores biofísicos, moleculares y bioquímicos. Por tanto, los cambios genéticos que se observan en el cáncer no se situarían en el nivel causal, sino como vehículo o efecto de un sistema, que se define como epigenético -mas allá de los genes y del ADN8-

. Una vez consideradas estas bases, el conflicto biológico modelizado en esta otra perspectiva del cáncer, pone en marcha mecanismos epigenéticos que rememoran los cambios postadaptativos de la evolución. Para ello se observa que los mecanismos epigenéticos están en función de una expresión de los genes asociada a factores espacio-temporales: De la misma manera que el zigoto fecundado expresa sus láminas embrionarias y la formación de sus órganos en el momento adecuado (espacio en donde desarrollar y tiempo cuando desarrollar), el cáncer se expresa en un espacio concreto según la naturaleza del conflicto biológico y en un tiempo determinado que depende de la imperiosidad de la solución del conflicto biológico. Estos mecanismos epigenéticos, por tanto, vehiculizan cambios que se producen en los espacios (tejidos corporales) y obedecen a un tiempo de respuesta desajustado de la renovación (adaptación) celular fisiológica.

El fenómeno de carcinogénesis está modulado por la disociación que se produce en la conciencia en una situación que deviene en conflicto. Este carácter esta condicionado por el propio contexto y no depende de ninguna causa apriorística. En este sentido, las normas socioculturales pueden poner en marcha esta este tipo de respuestas: lo que es aceptado en un determinado contexto, puede ser rechazado en otro.

Sin embargo en la práctica concreta y considerando la diversidad de la respuesta cancerosa, se ha de tener en cuenta que los fenómenos observados en el cáncer no son homogéneos9 y, por tanto, se han de individualizar las circunstancias que se traducen en conflictos biológicos; ordenarlas y situarlas en su somatización concreta. Para ello se requiere experiencia y un estudio pormenorizado de estas circunstancias. Desde el estadio intrauterino hasta el final de nuestros días.

Las consecuencias observadas se han de abordar, no solo desde la clínica médica, sino desde la solución del conflicto en su ámbito situacional10, teniendo en cuenta su sentido biológico. Para considerar de manera acertada este sentido biológico es de vital ayuda el estudio de las diversas pautas de comportamiento adquiridas a lo largo de la evolución de la vida. Pero no solo desde que el ser humano ocupa este planeta sino desde la formación de la primera forma de vida unicelular.

La información que contiene estas pautas y que son vehiculizadas en el sistema genético, tal como se ha dicho anteriormente, es contextual: La información es relación11. Y es en el entorno social, en donde, precisamente, se produce esta relación.

Tal como observó en la mesa redonda el director del seminario Juan Javier Sánchez Carrión, profesor de Sociología de la UCM: el entorno social –las interconexiones sociales- no es un mero escenario de la accion, sino que se convierte en generador de los conflictos biológicos en su traducción neurosomática correspondiente. Y es el propio sistema social estabilizado y «en guardia» quién traslada la responsabilidad de su solución al ámbito estrictamente médico, «culpabilizando» al propio individuo de su enfermedad. Al actuar de esta manera soslaya las causas del cáncer que se sitúan en las intervenciones sociales. Alcazando este mecanismo defensivo alturas insospechadas: si antes era el pecado el justificante de la culpa con sus sacerdotes redentores, ahora es la enfermedad la que desvaloriza al individuo, y es el médico o el sistema sanitario quien lo redime.

Por esta razón, en el cáncer de pulmón causado por cancerígenos que se encuentran en el tabaco -explicación de fácil inserción en el sistema de evaluación de evidencias- se traslada esta intervención al ambito individual con procedimientos anticelulares lesivos, en lugar de reevaluar principios economicistas de la sociedad, tratando de evitar el desempleo y evitando la inseguridad. De todo lo expuesto se entiende que nos encontramos ante otro sistema epigenético de la vida en que no solo se requiere una nueva medicina para una nueva sociedad, sino también una nueva sociedad para una nueva medicina.

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