Los Focos de Hamer
por el Dr. Harry Watt, Munich.
Artículo
publicado en el nº 36, octubre-noviembre 1988, de la revista científica raum&zeit,
die neuen dimension der Wissenschaft (Espacio & Tiempo, la nueva
dimensión de la ciencia). Ediciones Ehlers-Verlag GmbH, Poazlagasteig 5, 8157
Dietramszell. Redacción: Hohenzollernstr. 60 800 Munich 40.
Sin duda no es fácil descubrir qué es lo que el doctor Ryke Geerd Hamer ha encontrado en el transcurso de esta última década, a saber: una manera de considerar al hombre en su existencia biológica y psíquica, que permite comprender la naturaleza de los tumores, y clasificar no ya únicamente a los tumores malignos, sino también a innumerables y variadas afecciones que hasta ahora nos veíamos obligados a aceptar como una fatalidad generalmente inexplicable, y en cuyo misterio se intentaba penetrar estableciendo relaciones de causa y efecto con los supuestos factores de riesgo.
Sin
embargo, el hecho de que lo fundamentado y la precisión de su enfoque hayan
sido verificados y confirmados millares de veces y, sobre todo, que este
descubrimiento permita una terapéutica eficaz, con curación en un 97% de los
casos, hace de todo punto inexplicable que, a pesar de las posibilidades de
verificación hasta en sus menores detalles, los responsables de la medicina y
la salud hasta ahora hayan rechazado en bloque e ignorado sistemáticamente todo
el asunto. O mejor dicho, lo hayan condenado al silencio, imponiendo un
hermetismo total para evitar su difusión en la práctica y la enseñanza médica.
Para
comprender esta paradoja es preciso haber vivido muy de cerca nuestro escenario
médico, nuestra justicia, y nuestra sociedad, movidos todos ellos (sobre todo
en sus cimas más altas) por el afán de beneficio. Renunciar a la materia
muerta, a los citostáticos, a las radiaciones y al bisturí, a los marcadores
tumorales, a los receptores, a las muestras, a los edificios esterilizados, a
la medicina nuclear, en pocas palabras, apartarse de los grandes centros e
instalaciones de exterminación de tumores y de pacientes conduciría a una
quiebra, si no total por lo menos parcial, de ramas enteras de la industria (Y
no serían tan solo las industrias farmacéutica y médica las que correrían esta
suerte...). (La medicina contemporánea está unida por un hilo conductor a la
medicina de los campos de concentración, cita un renombrado analista).
Sin
embargo, y a nivel global, todo esto sería positivo. Muchos procesos de elevado
coste y erróneos, (según Hamer) serían entonces innecesarios. Quien tenga dudas
sólo tiene que solicitar a una pequeña editorial de Colonia (Amici di Dirk
Verlagsgesellschaft) la documentación, e inhalar la información a disposición
de todos, sin preocuparse en exceso por las pruebas: porque todo lo que se dice
es verificable, y la prueba ha sido aportada infinidad de veces. Para
reproducir la demostración se precisa una mañana, un escáner y... pacientes.
Y pasan
cosas...
Todo
esto, debemos reconocerlo, parece bastante misterioso. A mí también me pareció
misterioso cuando, nueve meses después del período de interinidad y del
inevitable examen para la obtención del diploma de Estado, una paciente puso
ante mis narices un libro en cartón amarillo, titulado «Fundamento de una Nueva
Medicina - Tomo I: El sistema ontogenético de los tumores, cánceres, leucemia,
psicosis, epilepsia.»
También
me pareció misterioso cuando, pocas semanas más tarde, ingenuamente y sin
complejos, me presenté en la casa del Dr. Hamer en Sülzburstrasse, Colonia
(tuvo la gentileza cuando le llamé por teléfono, de recibirme inmediatamente, y
me costaba un poco seguirle, a pesar de que lo conseguí bastante bien). Vi el
pequeño despacho de trabajo, en un desorden aceptable (pero en el que todo era
localizable), y el parabrisas con dos agujeros de bala colgado en un rincón
(recibió estos obsequios al recoger de la imprenta los primeros ejemplares de
su libro). Los despachos de la casa editorial, instalados en unas estancias
laterales, y libros apilados a lo largo del estrecho pasillo. Y luego, un
grueso dosier de más de 10 centímetros de grosor, repleto de órdenes, informes
de investigaciones y procedimientos interpuestos contra él.
No hay
duda, aquí pasan cosas...
Y
luego, la impresión de que le costaba mucho interrumpir la conversación, tanto
cuando tuve que apresurarme a marchar para acudir a otra cita, como a la mañana
siguiente, cuando le telefoneé para darle las gracias por haberme recibido la
víspera así como por el libro que me había regalado, y para excusarme por haber
tenido que dejarle de una forma tan poco orgánica, con sus inmensos deseos, tan
comprensibles, de comunicarse. De todas maneras se le veía con estrés,
aparentemente sin ser consciente de ello, ya que a pesar de todo se mantenía
sereno y combativo. Debe ser, me decía yo, que está ya tan acostumbrado...
Pero el
colmo de lo insólito es que se haya retirado a este médico el permiso para
ejercer la medicina. Con ocasión de su tesis de agregación, quiso publicar sus
descubrimientos, reservando sin embargo la primicia para la facultad de
Medicina. Sólo abjurando, retractándose públicamente, hubiera obtenido de nuevo
la autorización para ejercer. Y no lo hizo.
Trabajo médico a ciegas, humillado.
Poco
después de obtener el doctorado en medicina, al finalizar los estudios que me
habían dado una cierta base pero que me dejaban desamparado ante una
aglomeración inextricable, no sistemática, de hechos y contenidos aparentemente
desprovistos de toda relación unos con otros, luego de un examen que hasta hoy
no he logrado comprender, que era sólo charla -aparentemente una comedia-, me
había retirado del trabajo clínico con mal sabor de boca, casi, por así decir,
por instinto, simplemente porque no podía soportarlo. Y he aquí que ahora se me
ofrecía esto.
Según
un dicho, la fortuna viene cuando duermes. Para asumir responsabilidades es
necesario saber retractarse. Es justamente ese saber retractarse lo que, por
desgracia, les falla a la mayoría de colegas, doctores y profesores, para poder
dar el acuerdo o examinar con imparcialidad y completa neutralidad aquello con
lo que se puede dotar a nuestra facultad. La ineptitud en reconocer su
ignorancia y sus errores (que en sí mismos no son un deshonor), conduce sin
transición al crimen consistente en practicar desvergonzadamente y sin sutileza
errores mortales, a partir de aquí superficiales en todos los grados hasta
llegar hasta al Ministerio Federal de la Salud (Ver acerca de este tema las
«Cartas para una Nueva Medicina», que difunde la casa editora anteriormente
mencionada). Tras la lectura y la visita, hubiera preferido, de haber podido
hacerlo, transferir inmediatamente mi permiso para ejercer a este médico, que
hubiera sabido servirse mejor de él que yo mismo...
Todo está relacionado. Los seguimientos, de los que el Doctor Hamer me mostró las pruebas contenidas en su dosier, y los descubrimientos capitales en el campo médico, se iniciaron simultáneamente el 18 de agosto de 1978 ante la pequeña isla de Cavallo, a lo largo de Córcega, cuando su hijo Dirk fue mortalmente alcanzado mientras dormía por el tiro de fusil de un príncipe italiano. El Doctor Hamer escribe especialmente en la dedicatoria de su libro: A causa de su muerte yo mismo caí poco después enfermo, presentando un S.D.H. (un Síndrome Dirk Hamer), un conflicto de pérdida con cáncer testicular. Esta coincidencia asombrosa entre un choque conflictual y dramático y mi propio cáncer me llevaron a descubrir la Ley de Hierro del Cáncer.
Vigilancia total.
Dirk Hamer murió el 7 de diciembre de 1978 en Heidelberg como resultado de su herida de bala. Sin embargo, el contencioso legal no siguió su curso habitual, a saber que se le pidan explicaciones al asesino a quien se abre el proceso sino que, cosa curiosa, y que causó la indignación del Doctor Hamer, lo que sucedió fue exactamente lo contrario. De repente, y como el asesino era un personaje tan representativo como protegido, la bala salió rebotada, y por haberse atrevido a formular una acusación tan monstruosa contra este asesino, fue el padre de la víctima quién hasta hoy mismo, es objeto de persecuciones penales, consta en la lista de búsquedas internacionales y está sometido a una vigilancia total.
Publicado en noviembre de 1987, el libro que he mencionado anteriormente corresponde a un estadio relativamente reciente de las investigaciones científicas del Doctor Hamer. Algunos años antes había publicado la obra titulada «El cáncer, enfermedad del alma». El resultado de estas investigaciones pone a prueba a cualquier médico que se haya aplicado con sabiduría al estudio de la medicina académica.
Cuando, por ejemplo, se dice que todo cáncer es desencadenado por un choque psíquico brutal, un conflicto agudo y dramático, vivido en soledad, que el dogma de la siembra hematógena es completamente inexacto, que el infarto de miocardio corresponde a un fenómeno de involución de la disfunción cerebral propiamente dicha e indica, por lo tanto, una mejoría sobrevenida en el curso de una enfermedad, como por ejemplo, en la leucemia, que para el Doctor Hamer es expresión de curación y, como tal, inofensiva, cuando el lector formado en medicina académica se encuentra así confrontado con cosas absolutamente increíbles que, a primera vista, parecen incomprensibles, sólo una lectura exhaustiva y sin prejuicios es capaz de disipar la confusión inicial.
Ciertamente, embarcarse en esta aventura puede salir caro, pero eso no significa nada en comparación con el enriquecimiento y la revelación de las relaciones de causa y efecto que el Doctor Hamer pone en evidencia. Más bien todo esto es una liberación para los pacientes, que van a verse libres de la fatalidad, del carácter pretendidamente ineluctable de su destino.
En
tanto que los estudios de medicina clínica me dieron la impresión de páginas de
libros arrancadas de mi vida, sin corresponderse con nada vivo o natural, y
cuyos contenidos hacían pensar en esculturas confusas y raras colocadas en el
paisaje del mundo, la medicina adquiría aquí de repente una forma equilibrada y
coherente, a no confundir sin embargo con la pretensión de ser exhaustiva. Las
premisas permiten sacar conclusiones lógicas entre la historia de la evolución
del hombre, del cerebro, de los órganos y de los mecanismos comportamentales
biológicos que corresponden a estas estructuras.
Es así
como la reacción a un conflicto biológico se corresponde exactamente con la
alteración funcional de un área cerebral específica, y sincrónicamente, en el
arranque de un cáncer en el correspondiente órgano. El encadenamiento
acontecimiento psíquico-cerebral-órganico debe ser aquí concebido como un
suceso absolutamente simultáneo en los diferentes niveles.
Transformaciones en el cerebro.
Las modificaciones acontecidas en las áreas cerebrales son denominadas con el término Focos de Hamer, y son observables en el cerebro. Durante la fase activa del conflicto se observa un estado vasoespástico que, una vez resuelto el conflicto, deja lugar a un edema intra o perifocal. Llegado el caso éste puede representar un peligro mortal (cuando se da, por ejemplo, en el tronco cerebral). Sin embargo, y por sí mismo, este edema que la medicina académica interpreta erróneamente como una metástasis cerebral anuncia únicamente la fase de curación.
Es el
código erróneo que emite el área cerebral afectada durante la fase
vasoespástica lo que induce a la proliferación tumoral en el órgano-diana. Este
crecimiento se produce tan solo durante la fase vaso-espástica de la actividad
conflictual. Una vez esta fase ha concluido, es decir, cuando el conflicto ha
quedado resuelto, la proliferación se interrumpe y, en función de los tipos
específicos de tejidos histológicos, se produce un enquistamiento, una restitución
cicatricial o una reducción bacteriana.
La rigurosa correlación existente entre perturbación de la esfera comportamental, la función cerebral (Focos de Hamer) y la enfermedad orgánica, concuerda precisamente con el origen embrionario de los órganos, o más concretamente, con los componentes orgánicos por un lado, y por otro con las partes del cerebro que se han ido desarrollando sucesivamente en las diferentes etapas de la evolución. Es así como los Focos de Hamer, que se corresponden con los tumores malignos de los tejidos de origen endodérmico, se localizan en el tronco cerebral, en tanto que los de los tejidos de origen mesodérmico se localizan, bien en el cerebelo, bien en la médula cerebral, y los casos que se producen en los tejidos de origen ectodérmico se encuentran localizados en el córtex cerebral.
La
terapéutica exige un exacto conocimiento de estos procesos. Intuición de los
estados de dependencia psíquica del paciente y un máximo de experiencia y de
manejo, de tacto, en el dominio de las complicaciones y situaciones de crisis
relacionadas con la fase de curación consecutiva a la conflictolisis. Sobre el
plano orgánico, la fase de curación comporta -a imitación de la fase de
crecimiento tumoral-, diferencias características según que el tejido dependa
de una u otra de las tres capas embrionarias.
La Ley de Hierro del Cáncer.
Para
mayor claridad, citemos textualmente el libro: «La Ley de Hierro del Cáncer es
una ley biológica, empírica, que se basa en la experiencia y en la observación.
Ha sido verificada sin excepción en los casi 10.000 casos que he examinado
hasta ahora. Se trata de un sistema superdeterminado de tres funciones
correlativas, de manera que conociendo una de ellas se está en disposición de
deducir las otras dos».
En
un principio, la Ley de Hierro del Cáncer se enunciaba así:
Actualmente,
la Ley de Hierro del Cáncer se enuncia como sigue:
El Sistema Ontogenético de los Tumores es un sistema global y lógico. Naturalmente, se desprende como consecuencia de la Ley de Hierro del Cáncer y del descubrimiento del Foco de Hamer en el cerebro. Pero este sistema ontogenético de la medicina, y en particular de los tumores, reviste para la medicina una importancia comparable a la de la tabla periódica de los elementos para las ciencias físicas y naturales. ¡Pone de relieve las correlaciones existentes en el interior de toda la medicina!
El Sistema Ontogenético de los Tumores.
El
Sistema Ontogenético de los Tumores se anuncia así:
Primero: A las tres capas embrionarias les
corresponden tipos específicos de tejidos histológicos parecidos, si no
idénticos. Sin embargo, la capa embrionaria media o mesodermo, se subdivide en
un mesodermo antiguo (o mesodermo cerebeloso), y un mesodermo nuevo (o
mesodermo cerebral). El mesodermo cerebeloso tiene un comportamiento análogo al
del endodermo del tronco cerebral, en tanto que el mesodermo del cerebro se comporta
como el ectodermo cerebral.
Segundo: Cuando un Síndrome Dirk Hamer provoca un Foco de Hamer, las esferas orgánicas correspondientes a este foco de Hamer presentan una reacción específica, en función de la capa embrionaria de la que se derivan:
|
Endodermo |
Foco
de Hamer en el Tronco cerebral. |
|
Mesodermo |
Foco
de Hamer en el Cerebelo. |
|
Ectodermo |
Foco
de Hamer en el Cerebro. |
Tercero: La fase de curación consecutiva a la solución del conflicto difiere mucho según sea la capa embrionaria.:
Los conflictos psíquicos como inductores.
Hace
milenios que la humanidad experimenta, más o menos conscientemente, que en
último extremo todas las enfermedades tienen un origen psíquico. Esto se ha
convertido en un conocimiento científico, sólidamente anclado en el patrimonio
de los conocimientos universales (tan solo la medicina moderna convierte a
nuestros seres, antaño amados, en un saco repleto de fórmulas químicas). Ni que
decir tiene que lo mismo sucede con las enfermedades tumorales malignas: era,
hasta ahora, algo evidente para cualquiera más o menos consciente de una
realidad espiritual. Pero nadie había llegado siquiera a suponer, y menos aún a
revelar con pruebas fehacientes, de forma tan precisa y detallada, las
relaciones existentes de causa y efecto. Lo específico de estas enfermedades es
lo que de característico existe en este tema en el suceso psíquico.
El aspecto ontogenético nos da la clave. El tema del conflicto, determinante de la dirección general y de la orientación, define exactamente la localización del proceso psíquico concomitante, a saber, no en función de la situación objetiva del conflicto sino según la forma en que el interesado lo resiente subjetivamente. El tronco cerebral, cuyo dominio es el control del equilibrio homeostático interior del organismo, presenta lógicamente Focos de Hamer, y crea tumores endodérmicos cuando se producen conflictos profundamente viscerales, tales como el conflicto de la comida, el conflicto del miedo a la muerte y los conflictos de miedo visceral.
En lo que respecta al cerebelo, su perfeccionamiento corresponde, a nivel filogenético, al paso del medio acuático a la tierra firme. Se localizan en él Focos de Hamer, y tumores de tejidos y membranas mesodérmicas (melanomas, cáncer de seno, mesoteliomas de la pleura, del pericardio, del peritoneo), así como motivadores de conflicto relacionados con el medio inmediato y su delimitación (daño a la integridad física y moral, deshonra, conflictos sexuales interiorizados, conflictos familiares, y conflictos de nido).
Por el
contrario, la médula ósea, gracias a la cual el organismo se abre por entero al
exterior, está relacionada por un lado con todos los tejidos de origen
ectodérmico y las partes del organismo ectodérmicas: el epitelio pavimentoso de
la piel exterior, de la mucosa bucal, de la rinofaringe, de la laringe, de los
bronquios, de la parte del esófago, la pequeña curvatura del estómago, el
píloro, el bulbo duodenal, los islotes del páncreas, el epitelio de las vías
biliares, la vejiga, la pelvis renal, la vagina, el cuello y el orificio del
útero, el recto, la mucosa ectodérmica de las coronarias (¡el interior de los
vasos branquiales está compuesta de epitelio pavimentoso!); y por otro lado, el
ectodermo propio del Sistema Nervioso Central, compuesto de neuronas centrales
y periféricas, células ganglionales, neuroglías y epitelio sensorial de los
ojos, de la nariz y de las orejas, además de la neurohipófisis.
Es de
remarcar que las células que no se dividen manifiestan alteraciones, pero no
proliferación con formación tumoral. En su origen, existen conflictos
resultantes de la inmediata confrontación y del contacto con el mundo exterior:
el conflicto territorial, el conflicto de demarcación de territorio, la
rivalidad territorial, el desamparo moral, el terror, el miedo, el pánico, el
disgusto, la fetidez, la resistencia. Es precisamente este tema territorial y
la cuestión de la integridad del territorio los que especifican la referencia
individual al mundo exterior.
Se
comprende mejor aquí lo que se entiende por conflicto biológico: disputas que
nos afectan por nuestra propia naturaleza, y no ya situaciones conflictuales en
el sentido del concepto psicoanalítico, que describe los fenómenos de otra
manera. Las esferas comportamentales fijadas biológica, genética y
filogenéticamente, con sus modelos específicos, constituyen aquí el fundamento,
el entarimado sobre el que se desarrolla el conflicto y, en caso favorable, se
resuelve.
No todos los conflictos son generadores de cáncer.
En el
estado de la actividad conflictual, la simpaticotonía es netamente
preponderante, y se acompaña de pérdida de peso. Una vez que el conflicto se ha
resuelto o se ha suprimido esta fase de estrés, aparece una inervación de
reposo con parasimpaticotonía, o vagotonía pronunciada, laxitud, recuperación
del peso, programación de débil circulación sanguínea. Es preciso destacar aquí
que no todo conflicto es generador de cáncer, si no, no quedaría ya nadie con vida.
Para que se produzca un cáncer es necesario que se produzca un choque
conflictivo fulminante, masivo, que no pueda ser resuelto o integrado.
Cuando
se confronta a un paciente con un diagnóstico de cáncer, disparado por su
médico, la amenaza que inmediatamente resiente el paciente puede ser canalizada
de diferentes maneras. O bien, bajo el dominio de un conflicto de miedo a la
muerte, desarrolla un cáncer alveolar en los pulmones (endodérmico), o, tomando
repentina conciencia de la precariedad de su condición mortal que le condena a
ser definitivamente desechado, hace una desvalorización masiva con reacción
cancerígena (mesodérmica) en los huesos, que se manifiesta por osteolisis, a la
que erróneamente se tomará por metástasis ósea.
Otro punto a tener en cuenta es que se encuentran Focos de Hamer en el origen de las psicosis: en las esquizofrenias. Siempre existen dos focos localizados en los dos diferentes hemisferios y correspondientes a dos conflictos distintos en activo.
La terapéutica.
En la terapéutica del cáncer, el Doctor Hamer distingue tres niveles:
La moderna falta de instinto.
La duda
puede hacernos plantearnos la siguiente pregunta: Si los choques
conflictuales (Síndrome Dirk Hamer) desencadenan tales enfermedades, ¿por qué
no alcanzan a todos de la misma forma, ni trastocan en igual grado?.
Respuesta: Todos tenemos capacidad para aguantar una fuerte dosis de conflictos
sin por ello caer enfermos, a condición de que dispongamos del suficiente
tiempo para prepararnos con antelación. Es el fogonazo repentino el que nos
hiela de espanto y nos paraliza, es el Síndrome Dirk Hamer lo que desencadena
el proceso. Lo que tiene de determinante es la absoluta imposibilidad de integrar
este choque conflictual.
Los fenómenos que se desarrollan en las profundidades del subconsciente, los estados del alma y eventualmente, las enfermedades, vienen a recordarnos nuestra naturaleza cuando la disonancia llega a convertirse en insoportable. El terreno sobre el cual se siembran tales choques conflictivos biológicos se desarrolla paralelamente a la síntesis de la vida. El instinto, que de forma ordinaria debe guiarnos hasta los límites de lo aceptable, ha debido sumergirse por debajo del nivel de percepción, cuando los inestimables descubrimientos del Doctor Hamer, en lugar de ser acogidos con entusiasmo, son recibidos con la prohibición de ejercer la medicina, y se despliegan esfuerzos inimaginables a fin de mantenerlos en el hermetismo. No en todas partes, eso es cierto. En el Estado francés, en América y a la chitacallando también en nuestro país, este nuevo sistema se aplica ya con éxito por parte de un cierto número de colegas.
Siguen las persecuciones contra el doctor Hamer.
Durante
este tiempo, el autor de estos descubrimientos, sin autorización para ejercer y
con una discreción prudente, está obligado a defenderse contra las tentativas
de los tribunales de hacerle internar a la fuerza en un manicomio, lo que le
exige estar implicado en un procedimiento penal. Sin delito cometido que
justifique esta estratagema, se inventa sin empacho uno hecho a medida -el fin
justifica los medios-, y es así como se convoca al interesado a comparecer ante
la cámara correccional del tribunal de gran instancia de Coblenza, en el primer
piso del Palacio de Justicia, calle Karmelinstrasse 14, sala 105, el 21 de
julio de 1988, a las 14 horas. Por lo que sé, ésa es la última citación. A
pesar de que a esta reunión fue invitado un cierto experto, el profesor Horn,
director del hospital psiquiátrico regional, 5470 Andernach, el ingreso a la
fuerza en el psiquiátrico fracasa. Pero la cacería a caballo prosigue.
Ante
esta situación llevada al límite del absurdo (y que en nuestros días no es la
única), deberemos sin duda esperar largo tiempo antes de que nuestros pacientes
puedan tener acceso normal y regular a un tratamiento de este tipo. ¡Cuántos
monumentos no se han erigido con considerable retraso!.
Conclusión.
En
resumen, se puede decir que este sistema lógico y coherente permite, con medios
relativamente modestos, curar con eficacia a enfermos que hasta ahora sucumbían
a su mal, o debían seguir viviendo en condiciones deplorables y presas del
pánico. Considera al hombre en su totalidad y no ya -como dice el doctor Hamer-
bajo la forma de un conglomerado de células independientes, llevando una vida
propia y portándose bien casi que por casualidad en un caso propicio, y
singularizándose igualmente al azar cuando van mal. Se ha puesto en evidencia
la coherencia, la unidad de los planos psico-cerebral-orgánico, y ello
descompone y desquicia por completo al conjunto de la medicina científica
vigente hasta ahora. Más le valdrá que empiece cuanto antes a mostrarse
dispuesta a dejarse sacar de quicio...
En cualquier caso va a producirse con todo ello una desmitificación, una revelación, en la que se verá si se apuesta por el bienestar de los pacientes, o por el disfrute de las ventajas derivadas de una situación fantasmal, que funciona únicamente porque la gente cree en ella. Donde el parasitismo de una corporación debatida más que nunca ha hecho su agosto, podemos esperar ver levantarse las mayores barricadas, y formarse las mayores resistencias a la Nueva Medicina del doctor Hamer. Es además una situación clásica. Simplemente, cada vez que en el transcurso de la Historia se ha producido una situación parecida, la sorpresa de los contemporáneos y las controversias suscitadas han sido análogas y se han producido efectos similares.
Los
puntos de vista y las concepciones, enlazados en espiga y orquestados sin la
menor verificación, como las tesis a la moda que han invadido el escenario del
cáncer durante las últimas décadas, corresponden más a una infatuación pasajera
de la época que a una realidad insoslayable. El presente es tan solo una
hipótesis que no se ha superado (Robert Musil). Como consecuencia, el doctor Ryke Geerd Hamer ha saltado
muy por encima de la sombra de su tiempo. Es un desafío a la esencia humana de
los médicos actuales. El obstáculo que les toca franquear exige por su parte un
esfuerzo intelectual y espiritual a la vez.