La Leucemia
capítulo 17 del libro
La Nueva Medicina
Dr. Ryke Geerd Hamer.
La leucemia aguda y
crónica.
La
leucemia figura evidentemente en el número de las enfermedades del mesodermo,
es decir, de la membrana embrionaria media. Esta enfermedad, que a decir verdad
no es una enfermedad independiente, sino solamente el proceso de curación de
una enfermedad antecedente de la médula ósea, deriva su nombre del griego leuco
(blanco) y heima (sangre), lo que equivale a la enfermedad de la sangre
blanca o, dicho de otro modo, significa que hay de sobra glóbulos blancos en la
sangre. Es verdad, salvo que en el hombre, en sí, no tiene ninguna importancia
para la enfermedad. He tenido la ocasión de estudiar centenares de casos de
leucemia entre mis pacientes, y he podido constatar esto:
Ley
de la leucemia:
No
oculto que en 1984, en el momento de la aparición del libro de bolsillo «El
cáncer, enfermedad del alma», creía aún que la leucemia era una enfermedad
viral. Después, los casos estudiados me han permitido corregir este error. La
leucemia es una segunda parte de un proceso canceroso.
En
razón de las numerosas cuestiones que se presentan ahora sobre vuestros labios,
voy a comenzar por los dogmas que profesaba hasta aquí la medicina tradicional.
La
leucemia bajo la perspectiva tradicional.
Los
dogmas de la medicina clásica -que son muchos- y de los que se atribuyen el
monopolio de una medicina titulada conforme a las reglas de la escuela, son muy
contradictorias.
Se cree
que las «células madres» es decir, las células de la médula ósea que fabrican
los glóbulos blancos de la sangre, sufren una «alteración cancerosa»
ocasionando una producción anárquica de glóbulos blancos, arrasando el
organismo por fenómenos secundarios y «metástasis leucémicas», susceptibles de producir
entonces cánceres completamente normales.
Uno se
imagina que la leucemia es variable, que puede tener alternancia de leucemia
linfática, mieloide y monocitaria.
Es más,
se está convencido que puede haber en el mismo paciente alternancias de leucemias
aleucémicas y leucémicas.
Según
la medicina tradicional, ni el psiquismo ni el cerebro, ni los huesos juegan un
rol cualquiera en la génesis de la leucemia.
La
confusión de los médicos que se atribuyen la etiqueta de conformidad a las
reglas de la escuela es total cuando se habla de tú a tú. Admiten sinceramente
no conocer nada.
En la
clínica pediátrica de Colonia, un jefe de servicio quería hacer creer a un
padre de familia que desde las estadísticas era posible mantener actualmente
con vida hasta el 90% de los pacientes afectados de leucemia. Respuesta del
padre: «pero doctor, es más bien lo contrario de lo que veo aquí en vuestra
clínica. Por mi conocimiento no puede usted hacer profesión del 10% de
curaciones, y en la clase de la edad de mi hijo (9 años) no hay ni uno sólo que
se libre». El jefe de la clínica le respondió: «sí, en fin, a esta edad, casi
seguro».
Mientras
que se persigue imperturbablemente los test de nuevos tratamientos quimio,
ningún médico prueba sobre sus propios hijos. Y durante este tiempo, cuando eso
debería saltar a la vista, no ven ante la idea de nadie que los hijos, según su
edad, manifiesten divergencias psíquicas en función de su desarrollo. ¿Es
verdaderamente tan difícil de tener en cuenta en el caso de los pequeños pacientes
las diferencias que la medicina cosntata todos los días en sus propios hijos?.
Un bebé, un crío, no es «un niño pequeño» y un niño no es «un pequeño adulto».
Lo
único que se consiente es escribir sobre las alteraciones psíquicas en los
leucémicos: trabajos sádicos sobre los tormentos sufridos por los pacientes
«pronosticados» de muerte, pasando de una desesperación a otra, de un pánico
peor a las ansias de la muerte, hasta ahí los que parten en fin, «como se
esperaba». Entonces, encogiéndose de hombros, los médicos dicen: «De todas
maneras estaba condenado, no había nada que hacer, puesto que según las
estadísticas... ¡mueren todos!».
Sobre
el plano terapéutico no se ha descubierto aún ningún medicamento que manifieste
una superioridad estadística cualquiera sobre otro. Si bien cuando un nuevo
medicamento es lanzado al mercado todo el mundo se precipita sobre él. Se llega
hasta someter a los pobres pacientes a los tratamientos quimioterapéuticos
intralumbares por vía de inyecciones o de pefusión. Y, naturalmente, ningún
medicamento puede tener efecto, de hecho justamente se contenta de cuidar los
síntomas, en lugar de conocer las cusas y de definir el tratamiento en
consecuencia.
En
efecto, la causa es una desvaloriazción psíquica de sí mismo. Y sólo el
diagnóstico fulminante «leucemia» no puede más que aterrar de nuevo al paciente
que comienza todo a remitirse de su desvalorización y a recuperar la confianza.
¿Cómo es posible, pues, que esta generación de médicos no haya podido
imaginárselo?.
Es humillante
que los ex-colegas no dominen el diagnóstico corporal. Es así que en ninguna
clínica alemana no se ha mandado hacer un escáner cerebral a los pacientes
leucémicos, y con mayor motivo una radiografía del esqueleto. Un día que
reclamaba en la Universidad de Bonn un escáner cerebral, los médicos no
hicieron más que mover la cabeza: ¿Para qué un examen excéntrico y tan inútil?.
Ahora bien, hace falta saber que ningún paciente manifiesta más síntomas
cerebrales (ganas de vomitar, vértigo, cefáleas, obnubilación, etc.) que los
leucémicos.
Es
pasmoso también que tantos especialistas altamente cualificados no se hayan
percatado jamás de que la evolución de la leucemia no es, sino precisando
mejor, el proceso mórbido de una enfermedad, sino más bien de un convalesciente,
que sale de su enfermedad.
Es que
la «medicina modena arrogante» no se interesa por las diversas innervaciones
vegetativas, tales como la simpaticotonía o la vagotonía. Mira con
condescendencia a los médicos de la selva virgen, que precisamente nada les
interesa tanto como las cosas psíquicas.
Argumentos
en contra del caos dogmático.
Ahora
espero naturalmente de vuestra parte, queridos lectores, toda una salva de
cuestiones, el que de vosotros tiene más corazón: ¿por qué, el qué o de qué
mueren pues las personas acometidas de leucemia?.
Respuesta:
casi nadie muere de leucemia en nuestra casa. El 90% de pacientes muere por
«razones yatrogénas», de decir, de una pretendida terapia, que de hecho no es
más que una pseudoterapia, o bien por no tratamiento yatrogéno de
complicaciones normales. Prácticamente ningún animal muere de leucemia cuando
se le deja en paz.
En
efecto, la leucemia, hace falta que insista de nuevo en esto, es de hecho el
mejor signo de curación del conflicto probable de desvalorización de sí mismo.
Es absurdo considerar una curación como una enfermedad.
Pero,
¿que es del resto de las complicaciones?.
Así
pues, mientras que la leucemia tiene ya la conflictolisis tras ella -sino no
sería leucémica-, los conflictos de desvalorización aún en estado activo tienen
esta conflictolisis delante de ellas. Una vez que se está en presencia de una
leucemia, la complicación resultante de la imposibilidad de resolver un
conflicto de desvalorización de sí mismo, no se presenta, es precisamente la
solución del conflicto la que ha transformado la depresión de la médula ósea en
«leucemia», es decir, en producción frondosa de elementos figurados de la
sangre durante la fase de curación.
Admitiendo,
o suponiendo que la solución del conflicto permanezca constante, es decir que
no tenga reincidencia, ni no más desvalorización provocada por un diagnóstico y
un pronóstico pesimista, quedan esencialmente tres tipos de complicación:
Luego
por simple ignorancia o malevolencia se intreviene en el proceso biológico de
curación por intoxicación química y bomba de cobalto, inflingen también
perjuicios duraderos en la médula ósea y en las glándulas genitales, se
multiplican las posibilidades de complicación, de hecho además de la depresión
hematopéyica debido a los conflictos, la médula ósea debe aún lograr las
lesiones tóxicas extremadamente graves provocadas al nivel de las células madre
de la médula ósea. Todo esto se hace pensar hoy día en los suplicios más
cínicos infligidos por los verdugos de la Inquisición. El que ha inventado este
instrumento de tortura que es la quimio, merece que se le levante un monumento
en el infierno: ¡querer curar a un hombre enfermo poniéndole más enfermo aún!,
y todo esto por una ignorancia cínica.
La castración
toxicógena y radiógena tiene un efecto particularmente desvalorizante.
Imaginemos
-el lector podrá bien excusarme por este ejemplo- un ciervo, dueño de su
territorio, que ha sido castrado y que debería a pesar de todo encontrar su
seguridad, la consciencia de su propio valor. Es imposible. Es igualmente
imposible el hecho de defender el territorio que le pertenecía hasta allí. Si,
por una razón u otra, había perdido su seguridad primero, después de una desvalorización
de sí mismo, este conflicto va aún a acrecentarse, a elevarse con fuerza.
Ocurre lo mismo en los humanos. Sólo una medicina ignorante, que creía poder
aplicar a las enfermedades un tratamiento sintomático en función de los
síntomas y veía en el cáncer un tumor diabólico, que se procedía a extirpar por
cauterización, el veneno y el bisturí, como en tiempos de la Inquisición
medieval: sólo una «medicina primitiva» sintomática podría practicar este
citodiagnóstico enfático y primitivo, sin tener en cuenta el psiquismo y el
cerebro de los pacientes.
Cuando
estaba estudiando, se nos había enseñado que los pacientes atacados de leucemia
tenían siempre el mismo tipo de célula, es decir una leucemia linfoblástica,
una leucemia mieloblástica, una leucemia indiferenciada, una leucemia
promielocitaria, una leucemia monocitaria, etc. Todo esto era inexacto, como se
puede verificar hoy día en no importa cuál manual. Los tipos de células varían.
¿Por qué es así?. No hago más que hacer conjeturas. Presumo que eso depende de
la constelación del conflicto y de la localización que es seguida de la
ostéolisis. Lo que nadie llega a comprender es porqué esta consonancia, que
está ahora generalizada, no ha incitado hace tiempo a los hematólogos y
cancerólogos a reconocer públicamente el fallo y lo absurdo de sus dogmas. En
efecto, si la leucemia era declarada por una «célula hecha anárquica» se tiene
la pena de comprender porqué esta célula madre engendraba invariablemente en
los diferentes niños. Estos dogmas de la medicina supuestos conforme a las
reglas de la escuela no constituyen un sistema, como nos quieren hacer creer
aquellos que se conforman, peroun «no sistema», absurdo, esos famosos «vestidos
nuevos del emperador», a los que todo el mundo cree, sin jamás haberlos visto,
tanto como las células cancerosas circulan en la sangre, que nadie jamás ha
visto, pero del cual todo el mundo está sin embargo obligado a creer que deben
producir la supuesta «metástasis», a saber ¡metástasis siempre totalmente
diferentes desde el punto de vista hostológico y derivando del mismo modo hojas
embrionarias totalmente diferentes!.
|
Fase Ca. |
Desvalorización de sí mismo. |
Proc. cerebral médula. |
Pammielotisis. |
|
Fase pcl. |
Reval. por solución del conflicto. |
Edema de la médula del cerebro, signo de curación. |
Panematopoyesis con retraso de la sangre roja. |
Vamos ahora a recorrer sistemáticamente los diferentes estados de evolución de la desvalorización de sí mismo, de los focos de Hamer correspondientes en la médula del cerebro y de la ostéolisis de los huesos. Pero antes conviene mencionar una particularidad importante del hecho de que la leucemia es tratada en la práctica médica como un capítulo autónomo, en razón justamente de su gran importancia, aunque falta, a decir verdad, el tratar todo simplemente entre las enfermedades cancerosas de la membrana embrionaria media.
La
membrana embrionaria media, o mesodermo, es en efecto la que en todo el cuerpo
es responsable de la cicatrización de las heridas. Por consiguiente, lo mismo
cuando se trata de tumores cancerosos derivados del endodermo o del ectodermo,
la curación por cicatrización, encapsulamiento, etc. es asumida por el tejido
conjuntivo del mesodermo. «Sola» la curación propiamente dicha por
edematización pericarcinomatosa está asegurada por la membrana embrionaria
correspondiente.
La
facultad de «regeneración cicatrizal» o de formación queloide es propio
de todas las células mesodérmicas. Es la razón por la que el conjunto de
enfermedades cancerosas de los órganos de la membrana embrionaria media
evoluciona de manera netamente diferente de las otras dos membranas
embrionarias. En el caso de los huesos, por ejemplo, durante la fase del
conflicto activo de ostéolisis, hay reabsorción de células, del tejido óseo
mientras que cuando se trata de cánceres de la membrana embrionaria interna o
externa, se observa durante esta fase activa una multiplicación de células por
proliferación celular. Lo que hay de típico en la fase del activo del cáncer de
huesos es la necrosis, entonces, en cambio, durante la fase de curación
(fase pcl) se asiste a proliferación muy bien organizada de células de callo. A
ello sólo, la preparación histológica no permite a los histologistas establecer
una distinción entre el callo que suelda los dos fragmentos de un hueso
fracturado y la recalcificación de la ostéolisis por el cáncer de huesos.
Como me
aseguraba recientemente un profesor de patología, la deicisión es tomada en
función de las radiografías: lo mismo que decir que el examen histológico es
prácticamente superfluo. De hecho, la proliferación de las células conjuntivas
o de las células óseas en el curso de la fase de curación es todo un hecho
normal. Sin embargo, los histologistas hablan entonces de sarcoma, sobre todo
cuando esta proliferación del tejido conjuntivo es superabundante y poco
excesiva (v. sarcoma).
En
realidad -tengo a bien el especificar-, esta proliferación exagerada no tiene
en principio nada de patológica: en la medida en que no molesta, no tiene
problema mecánico coincidiendo en no estrangular nervios, arterias, etc., es
antes una cuestión de orden cosmético y estético, que no compromete el
bienestar y la salud del paciente. En el fondo, es como una gruesa cicatriz, un
queloide cicatrizal. Sobre el plano psíquico, muchos hombres tienen el mal de
soportar un «exceso» anodino, que por lo demás, no molesta prácticamente jamás
a los animales.
Así, la
leucemia es, a pesar de todo, una manera de ploriferación sarcomatosa de
células sanguíneas. Tiene esta diferencia después que las células en exceso e
inmaduras presentan deficiencias cualitativas, son eliminadas del organismo al
cabo de algunos días. Durante la fase activa del conflicto (fase Ca), el estado
de simpaticotonía provocado por el cortocircuito en el cerebro hace que las
células madre de la médula ósea permanezcan largo tiempo en depresión
hematopéyica, si bien acaban por no producir del todo células sanguíneas.
Llamamos a eso una pammielotisis, es decir una tisis de la médula ósea. La
conflictolisis destruye el vértigo. Los frenillos son desbloqueados o
aflojados, una fuerte impulsión hace arrancar la producción de la médula ósea.
Pero esta hematopoyesis, al principio, se pone a suministrar principalmente
mercancía de desecho, los blastos, es decir células jóvenes e inmaduras, ¡las
más anodinas y más inofensivas que existen!. Afirmar lo contrario sería una
contraverdad, porque no se puede citar un solo perjuicio causado por los
blastos. Con el tiempo, la calidad de estas células, que desde luego dejaban
mucho que desear, va mejorando cada vez más y, al cabo de algunos meses, la
médula ósea tiene de nuevo dominada la eritropoyesis. A condición, sobre todo,
que la solución del conflicto aguante y que se dominen las complicaciones posibles
(anemia pasajera, tumefacción cerebral, ostialgias).
Si las
fases del conflicto activo y las fases pcl alternan frecuentemente y en corto
plazo, como es a menudo casos en la vida cotidiana, frente a las realidades
imprevisibles, entonces los hematólogos hablan -naturalmente, sin poder
explicárselo- de «leucemia aleucémica», lo que quiere decir: los primeros
signos de un impulso leucopoyético aparecen ya bajo la forma de blastos, sobre
todo en la médula ósea, pero el número de leucocitos es en el conjunto bastante
reducido. Los hematólogos aún no han comprendido esta singular combinación, lo
que no tiene nada de extraño por otra parte, porque a menos de tener en cuenta
la situación conflictual, nadie puede orientarse.
N.B.
La
leucemia es la segunda parte de una enfermedad, a saber la fase de curación
(pcl) después de la solución del conflicto.
En el
plano psíquico: estado después del conflicto de desvalorización.
En el plano cerebral: foco de Hamer en la médula del cerebro.
En el
plano orgánico: curación después de la ostéolisis de huesos y el
carcinoma de los ganglios linfáticos, proliferación del tejido conjuntivo
después de la herida, que constituye una clase de desvaloriazción localizada.
El
osteosarcoma y el linfosarcoma son una clase de curación excesiva, lujuriante,
después de la desvalorización o la herida propia.
El
sarcoma conjuntivo corresponde a la evolución leucémica, sin modificación de la
célula sanguínea.
Este
esquema no es un modelo, un programa intelectual, es rigurosamente verificable
y demostrable en cada caso individual. Es pues una ley biológica. En otros
términos, eso significa sobre el plano:
ontogénico:
Todos los sarcomas derivan de la membrana media del embrión, del mesodermo,
constituyen por consiguiente una unidad.
psíquico:
Todos los sarcomas del tejido conjuntivo y de los huesos son la fase de
curación consecutiva a la solución de un conflicto de desvalorización de sí
mismo. Los conflictos más fuertes provocan ostéolisis, los menos fuertes
conflictolisis de los ganglios linfáticos, o lisarcomas. Los más débiles habían
provocado alteraciones de los vasos y tejidos conjuntivos.
cerebral:
Las áreas correspondientes son todas localizadas en la médula: pero la
localización es craneal en el organismo, frontal en el cerebro (médula), caudal
en el organismo, occipital en el cerebro. Así, la cabeza y los brazos tienen
sus áreas correspondientes en una región frontal, las piernas en una región
occipital.
orgánico:
Al número de órganos atacados figuran todos los órganos de sostén que derivan
de la membrana media, el mesodermo. Tienen todas sus áreas correspondientes en
la médula del cerebro. Todos están atacados facultativamente en el momento de
una desvalorización, en función de la asociación que se produce en este
momento: huesos, ganglios linfáticos, vasos, tejidos conjuntivos.
Del
mismo modo, la distinción entre leucemias agudas y crónicas no se comprende si
no se tiene en cuenta en cada caso la situación conflictual especial: las
leucemias resultan de un conflicto de desvaloriazción de sí mismo agudo y
dramático, se trata generalmente de un proceso o de un problema único, que
permanece conflictual durante un cierto tiempo, mientras que las leucemias
crónicas resultan de conflictos que en el intervalo no tienen un tema de
actualidad y pasan a segundo plano, pero que salen a la superfície de vez en
cuando. Voy a poneros algunos ejemplos.
Renuncio
deliberadamente a pasar revista a las diferentes formas de leucemia al estilo
practicado hasta aquí en los manuales clásicos, tanto más como que los
diferentes tipos de leucemia pueden variar, como he dejado ya mencionado. Si sé
un día qué diferencias de orden psíquico y cerebral invitan a buscar
-suponiendo que haga falta buscar- por detrás, me ocuparía muy gustoso.
Mientras tanto, presumo simplemente que las leucemias agudas y crónicas están
estrechamente emparentadas en el sistema linfático, que son generalmente por
causa de una desvalorización de sí mismo en un menor grado de profundidad.
A notar
por otra parte que la médula del cerebro es la única región que he descubierto
hasta aquí, donde las transiciones entre el conflicto de desvalorización de sí
mismo producido por un D.H.S. y una devalorización de sí mismo más progresiva
son corrientes. Esta manera de desvalorizarse es lo que se llama también
descalcificación o desmineralización. En los adultos, se llega aún a establecer
poco másd o menos una distinción, de hecho que en el caso de la desvalorización
de sí mismo producido por un D.H.S., el área de la médula edematizada durante
la fase de curación está circunscrita, cuando la desmineralización está
más difusa. La distinción es más difícil cuando se trata de un niño o de
jóvenes pacientes, de los cuales las reacciones son frecuentemente más generalizadas,
lo mismo cuando se trata de una desvalorización de sí mismo producida por un
D.H.S.: hace falta decir que en este caso el área conflictual no está bien
circunscrito, pero generalizada, lo que corresponde más bien a la sensibilidad
infantil. («Mamá me ha zurrado, me ha cogido con gripe, soy su bestia negra»).
La
terapia de la leucemia.
La
terapia de la leucemia puede ser dividida en dos grupos importantes:
1. La
terapia durante la fase preleucémica del conflicto activo, o dicho de otro
modo: la terapia del cáncer de huesos en la fase del conflicto activo, lo que
se traduce sobre el plano hematopoyético por:
2. La
terapia de la fase leucémica postconflictolítica, la fase de curación después
de la solución del conflicto de desvalorización, la fase de recalcificación
después del cáncer de huesos, lo que se traduce sobre el plano hematopoyético
por:
Estos
son los estadios habituales de evolución: en principio, esto pasa así para todo
conflicto de desvalorización de sí mismo desencadenado por un D.H.S. y seguido
de un período de conflicto activo con fase postconflictolítica, por tanto hay
una solución del conflicto. Por lo demás, la última fase es la condición
indispensable para que intervenga la «suerte de una leucemia». Estos
estados de evolución son en principio idénticos para el hombre y el animal. Se
trata de la evolución biológica en el caso más favorable. Una vez que se
conoce este modo de evolución biológica, la terapia de la leucemia es
relativamente simple y coronada de éxitos. No tardaréis en descubrirlo
vosotros mismos. Sin embargo, no es juicioso querer trata la segunda parte de
la enfermedad, es decir la fase de curación, estando aún dada la primera parte,
a saber la fase activa del conflicto, la cual puede volver en todo momento. Por
otra parte, la duración del conflicto, por ejemplo, y la intensidad del mismo,
nos dice mucho sobre la duración probable de los estados leucémicos, si tenemos
la suerte, nosotros los médicos, de caer sobre una leucemia -donde el individuo
tiene ya resuelto él mismo su conflicto de desvalorización de sí mismo. Hace
falta que sepamos todo con precisión: ¿en qué época ha tenido lugar el D.H.S.,
cuál era en particular el contenido del conflicto? ¿Cuánto tiempo ha durado el
conflicto, cuál era su intensidad? ¿Ha tenido antes ya fases de solución del
conflicto, que fueron seguidos de nuevas recidivas del conflicto? ¿En qué momento
ha tenido lugar la última solución del conflicto? ¿El conflicto está resuelto
definitivamente? ¿Cuándo ha vuelto a tener el paciente apetito? ¿A partir de
cuándo ha podido dormir de nuevo? ¿Desde cuándo tiene de nuevo las manos
calientes? ¿A partir de cuándo ha tenido la sensación de compresión cerebral
(la cabeza que estalla)? Conviene recoger cuidadosamente los datos clínicos
para tener un resumen lo más completo posible. Y es un mandato imperativo en
todo esto, porque es verdad: «sobre todo no tener pánico. La mayor parte
sobrevive, siempre que se tome como hace falta». En efecto, el paciente
leucémico es ya un rey, pues evidentemente ya tiene resuelto su conflicto.
Vamos
pues a ocuparnos seriamente de cada una de las tres fases y de los estadios, porque
sé muy bien hasta qué punto, queridos lectores, ardéis por aprender con detalle
cómo se debe pasar.
Pero
antes vamos a exponer esquemáticamente cómo funciona la hematopoyesis:
|
Célula madre. |
Eritropoyesis. |
Eritrocitos. |
|
Granulocitopoyesis. |
Neutrófilos. |
|
|
Eosinófilos. |
||
|
Basófilos. |
||
|
Monocitopoyesis. |
Monocitos. |
|
|
Megacariopoyesis. |
Trombocitos. |
|
|
Sistema linfático. |
Células T. |
|
|
Células B. |
El
esquema anterior demuestra que todas las células sanguíneas provienen de la
misma célula madre. Esta célula madre se encuentra en la médula ósea, el centro
de fabricación de la sangre de nuestro organismo. El conjunto del proceso se
llama hematopoyesis (de haima, sangre, y poiein, hacer).
Aún hoy
no se está del todo de acuerdo hasta qué punto se sabe excatamente dónde y
porqué son fabricados los linfocitos. Los linfocitos se consideran que nacen en
el sistema linfático (hay quien añade que en el bazo y los ganglios linfáticos
y sin sentido en el timo), pero a partir de las células madre inmigradas de la
médula ósea. Tampoco se está aún de acuerdo sobre el lugar de fabricación de la
sangre en el curso de la ontogénesis. Entre el segundo y el octavo mes de
embarazo, el hígado y el bazo participan también en la hematopoyesis, pero en
seguida son reemplazados definitivamente por la médula ósea. Y aunque en los
períodos donde la médula ósea es considerada incapaz de fabricar sangre, el
hígado y el bazo habrían tomado el relevo hematopoyético. Es lo que se imaginaba
hasta aquí. Pero estimo que sobre un cierto número de puntos esta concepción es
erróneo. Desde el comienzo, la hematopoyesis ha sido siempre una tarea
adjudicada a la membrana embrionaria media, y sin embargo ocurre lo mismo
ahora. El bazo y los ganglios linfáticos son órganos derivados del mesodermo.
Que ellos hayan sido o estén capacitados para fabricar células madre es
completamente comprensible. Pero no puedo comprender en cuanto al hígado y al
timo, que son ambos órganos del endodermo. En efecto, que células madres
mesodérmicas puedan inmigrar a un órgano endodérmico es cierto, teóricamente
posible, ya que de hecho los vasos sanguíneos de origen mesodérmico han
inmigrado también en cada órgano, pero me cuesta trabajo concebirlo respecto a
la determinación funcional.
Sea lo que fuere, es una discusión puramente académica. Y para nuestro propósito da lo mismo saber si todas las células sanguíneas son fabricadas en la médula ósea, o si los linfocitos derivan del tejido linfático, suponiendo precisamente que la médula ósea y los ganglios linfáticos son cerebralmente vecinos desde el doble punto de vista de los conflictos y de la localización de los focos de Hamer en el cerebro.
Todas
estas células sanguíneas derivadas de la célula madre pueden ser numéricamente
excesivas. Hasta aquí no se había advertido ni se sabía que este exceso no era
más que pasajero y que la mayor parte de las células excesivas eran inmaduras,
presentaban una deficiencia funcional y, por consiguiente no eran más que
desecho. En efecto, como ya hemos advertido a propósito de los leucocitos de
constitución morfológica normal en el cuadro de la leucemia, parece que el
organismo cuida constantemente de que haya suficientes leucocitos normales,
cualquiera que sea el número de blastos en suplemento.
Encontramos
pues:
Por
consiguiente, además de la multiplicación de los leucocitos, es decir leucemia,
también hay multiplicación de eritrocitos, es decir eritrocitemia o eritremia,
que también es considerada como una enfermedad, pero que en realidad no es más
que la fase de curación excesiva de la sangre roja, mientras que una vez
resuelto el conflicto de desvalorización de sí mismo, la anemia ha dado lugar a
la eritremia y a la leucemia. esta acumulación de las dos que se produce
habitualmente al menos a corto plazo al final de todo proceso de curación, es
lo que se llama pan-policitemia: la medicina tradicional lo ve igualmente como
una enfermedad y prescribe en consecuencia un tratamiento con citostáticos,
demostrando así una total ignorancia de las relaciones de causa-efecto.
Esta
divagación, que me ha traído a pasar revista a las concepciones defendidas
oficialmente por la medicina tradicional, no tenía otro fin más que ayudaros a
clasificar medianamente los diagnósticos de los cuales se os advierte desde
hoy. En realidad, estos diagnósticos son, naturalmente, absurdos y los
pronósticos efectuados ignorando las relaciones de causa-efecto, lo son,
evidentemente, aún mucho más: para la medicina tradicional, todo lo que es
excesivo o insuficiente denota enfermedad. Pero de hecho, es verdad que todavía
no se puede calificar de normal una fase de curación, ni de mórbido. En efecto,
todo proceso de curación es en principio un acontecimiento positivo, muy
regocijante, del mismo modo si, en razón de la ignorancia médica se puede morir
de las complicaciones, particularmente de complicaciones iatrogénicas, es decir
provocadas por el médico.
Después,
os daréis cuanta mejor en qué punto era insensato querere establecer una
clasificación puramente morfológica de una supuesta enfermedad en función de un
excedente o de una insuficiencia de cualquier tipo de células, sin contar que
el tipo de célula era capaz de cambiar enseguida, metamorfosearse en la misma
persona (pasando por ejemplo de la leucemia mieloide a la linfocitaria y
viceversa), e imaginarse enseguida que hacía falta «normalizar» por la fuerza,
en lugar de atender pacientemente, tras la larga sequía de la médula ósea
provocada por la fase activa del conflicto con depresión de la misma, la
producción excesiva de células inmaduras y defectuosas, durante la fase de
curación se esté calmado y que la médula ósea sea remitida sabiamente, como en
el pasado, a no producir más que células «normales». ¡Pero para eso haría falta
desde luego saber que la leucemia es una fase de curación benéfica!. ¡Y por eso
haría falta comenzar por saber lo que es una vagotonía de curación!. Y por eso
haría falta saber lo que dice la Ley de Hierro del Cáncer. ¡Pero hace 6 años
que esta ley es boicoteada sistemáticamente y hecha objeto de un placaje
total!.
1. La
terapia en la fase activa del conflicto, la fase preleucémica.
N.B.
La
condición previa en toda terapia juiciosa de la leucemia es la reconstitución
retrospectiva del acontecimiento conflictual, que es desarrollado antes de la
fase leucémica. A este efecto es indispensable establecer un cuadro sinóptico
de todos los datos y síntomas psíquicos, crebrales y orgánicos disponibles,
¡relativos a la génesis y a la evolución del acontecimiento conflictual!.
No es
posible atender bien una leucemia sin estar al corriente de la enfermedad
propiamente dicha, que ha precedido a la leucemia. Este conocimiento me ha
suministrado cantidad de datos importantes para orientarme: desde luego, sobre
el plano psíquico: ¡el más importante es siempre conocer el D.H.S.!. Me
informa sobre la duración máxima del conflicto y sobre su intensidad.
Así
que, lo esencial es conocer la evolución del conflicto y, en particular sobre
su intensidad.
Lo que
cuenta después es saber exactamente en qué momento se produce la
conflictolisis. Es necesario que preceda a la leucemia, sino el paciente no
tendría leucemia.
A
continuación vienen los puntos para orientarse en el cerebro:
Si se
dispone de un escáner cerebral, su conocimiento es muy ventajoso. Puede indicar
si además de la desvalorización de sí mismo, ha tenido un conflicto de
territorio o, por ejemplo, un conflicto de miedo en la nuca, hasta un conflicto
central ¡particularmente por comparación con los escáners cerebrales durante la
fase leucémica!.
Después
los puntos para orientarse en los órganos:
Es muy
útil conocer los resultados de los análisis sucesivos de la sangre, la
evolución de los valores sanguíneos durante la fase activa, saber a partir de
cuando se ha constatado eventualmente una anemia (pasada generalmente
desapercibida), en qué sitio se ha observado ya la ostéolisis mediante las
radiografías del esqueleto, cuál ha sido la importancia de la leucopenia y de
la trombopenia. ¡Todo médico debe tener el material de un detective!, ¡Merece
la pena hacer este esfuerzo, sin tener en cuenta que es apasionante!. Pero lo
esencial es que eso ayuda al paciente favoreciendo una confianza fundada
objetivamente. No tarda en cooperar activamente, ¡porque tiene el sentimiento
de trabajar útilmente en su propia terapia!.
Importa
siempre tener claramente consciencia de ¡«la suerte que es la leucemia»!.
En
efecto, qué suerte tiene el paciente leucémico si se le compara con el del
conflicto que está aún activo y tiene el cáncer de huesos: ¡ha alcanzado ya la
fase postconclictolítica!. Es completamente legítimo subrayar el aspecto
positivo de esta evolución favorable, porque el paciente tiene con derecho
razones para esperar. Las concepciones prescritas de una leucemia considerada
como una enfermedad mortal por blastos perniciosos, que hacía falta extirpar
como en la Edad Media por la espada, el veneno y el fuego en medio de
tormentos, todas estas viejas historias horribles deben ser denunciadas como
las secuelas de una época manchada por la necedad y la arrogancia de injustos
sin escrúpulos, pero que esperamos, desde este momento, esté definitivamente
acabado.
En
cuanto a vosotros, médicos, ¡guardaos bien de tomar a la ligera esta primera
parte del tratamiento de la leucemia!. Eso tendría consecuencias enojosas para
los pobres pacientes a los que creéis justamente ayudar. Mientras que desde hoy
no se obligue al portillo para cuidar a los pacientes atacados de leucemia,
porque son considerados como consagrados a la muerte -«lo mejor que se extrae
de su deseo, es que se termine pronto»-, ¡pronto se verá a los médicos
disputarse los «casos» más interesantes como los de un paciente leucémico!.
2.
Terapia de la fase postconflictolítica, leucemia.
La fase
de curación después de la solución del conflicto de desvalorización de sí
mismo. La fase de recalcificación después del cáncer de huesos.
El
primer estadio.
Inmediatamente
después de la CL, hay aún pancitopenia, es decir, una disminución global de
eritocitos, leucocitos y trombocitos, y luego una acumulación de anemia, de
leucopenia y trombopenia.
Si este
primer estadio es peligroso para los ignorantes, el médico de pura raza está
confrontado en una tarea ennoblecida. Muchas veces ocurre que el hemograma del
paciente revela una anemia intensa. Hasta los vasos están contraídos en la
simpaticotonía permanente.
Los
raros eritocritos y la débil concentración de hemoglobina sufren apenas por
este débil volumen vascular.
Pero
con respecto a la conflictolisis, el organismo se encuentra ahora posado en
vagotonía, los vasos están dilatados y todos los pacientes, los que no tienen
anemia también, se sienten muy aplastados en esta fase postconflictolítica. Los
que además tienen una (grave) anemia, están cansados y agotados que se quedan
estirados. El médico no puede constatar que el paciente está enfermo, pues está
precisamente recobrando la salud. La tasa de hemoglobina y el número de eritocitos
están aparentamente bajos, pero en realidad no hay disminución de la
concentración, la sangre está fuertemente diluida, debido a que el volumen
vascular se ha triplicado, o igual quintuplicado en función de la dilatación de
los vasos. El déficit volumétrico está colmado por la producción de suero. No
hay pues ninguna razón para inquietarse. La sangre no ha disminuido, solamente
está diluida. Para compensar la baja concentración hemoglobínica y obtener así
un grado de oxigenación equivalente, hace falta que el corazón lata más rápido,
que el consumo cardíaco, el volumen sanguíneo por minuto, sea más elevado. Pero
el corazón se niega, porque el conflicto está ahora resuelto, la batalla ha
sido librada y el organismo está posado sobre la recuperación porque lo mejor
es curar las heridas recibidas en el curso de la batalla.
En sincronización con la solución del conflicto psíquico, el cerebro ordenador tiene también trastornado el vértigo. Ahí la curación también comienza por una tumefacción de el o de los focos de Hamer en la médula del cerebro.
Y por
más que el paciente tenga cara de agotado y completamente lacio, la
conflictolisis coincide exactamente con el relanzamiento de la hematopoyesis en
la médula. Este estadio, que aún se caracteriza por la anemia y la leucopenia
en la sangre periférica, pero en donde, por punción esternal, ya se puede
deducir en la médula ósea los primeros mieloblastos (o linfoblastos), la
medicina clásica lo llama hasta aquí «aleucemia mieloblástica» o «aleucemia
linfoblástica». Se habla de una «leucemia aleucémica». En realidad, esto no es
el primer estadio de curación, o el arranque del motor de la hematopoyesis.
Complicaciones
del primer estadio de curación y terapia:
Os
parecerá que puede ser exagerado, seguro que encontrarán hasta ridículo que
considere una rediciva del conflicto, o un nuevo conflicto por temor al pánico,
con D.H.S., como lo peor de las complicaciones. Sé esto, por tanto, hablo y
tengo buenas razones para afirmarlo. Las complicaciones sobre el plano
orgánico, y lo mismo sobre el plano cerebral, son relativamente fáciles de
dominar desde hoy, gracias al equipamento moderno de nuestra medicina
intensiva. No se está condenado a morir, al menos en la gran mayoría de los
casos. Pero la mayor parte de los médicos están generalmente desamparados ante
las complicaciones psíquicas. A la mayor parte le cuesta trabajo figurarse que
los «datos de laboratorio» considerados tan duros, sólidos e inflexibles,
pudiesen ser debilitados, las más de las veces a voluntad, por el psiquismo y
del mismo modo endurecidos e implicados de nuevo de la misma manera. No
solamente los procesos de curación dependen enteramente del coraje y de la
confianza del psiquismo, sino que además este psiquismo no puede permanecer
estable como si el conflicto estuviera resuelto, si no llega a añadir uno nuevo
que sumerja al paciente en una simpacotonía duradera. Hasta aquí, cuando un
paciente leucémico reincidía haciendo un grave conflicto de desvalorización de
sí mismo -frecuentemente estando trastornado por el diagnóstico estrepitoso «es
leucemia»-, siempre se producía como resultado una caída inmediata del número
de leucocitos, porque el paciente se encontraba de nuevo en simpaticotonía, con
una nueva depresión de la hematopoyesis de la médula ósea. Generalmente, los
médicos se alegraban entonces exclamando: «¡Hurra, una remisión!». En realidad,
el paciente, que se encontraba ya sobre la vía de curación, había recaido
gravemente enfermo oyendo el diagnóstico. Pero si el pobre paciente llegaba, en
contra de lo que se esperaba, y a pesar de los tormentos infligidos por el
veneno, el bisturí y los rayos X, a resolver una vez más su conflicto de
desvalorización de sí mismo -con una nueva leucemia en la clave-, o si tardaba,
resistiendo a todas las tentativas de envenenamiento por sus verdugos y se
quedaba simplemente en la fase de curación de la leucemia, todos los médicos se
lamentaban proclamando que no había de aquí en adelante nada que hacer, una nueva
reincidencia es sobrevenida oponiéndose a partir. Recurrían entonces a venenos
más y más agresivos, hasta que el paciente fulano acababa por hundirse y moría
como los otros.
Durante
la fase de curación leucémica, el paciente es como una pequeña planta frágil,
que no hace falta exponerse al rudo clima de la competición, en materia de
valorización. Lo ideal para él sería estar bien atendido en un sanatorio
equipado de una pequeña estación de cuidados intensivos, donde se le debería
emplear activamente a revalorizar ante sus propios ojos, manteniéndose apartado
de todos los problemas, sobre todo de aquellos de la «familia bien
intencionada». Ante todo, haría falta que su «cura de reposo» le pareciera
completamente adecuada, como para un tuberculoso. «¡Es bueno sentirse cansado y
fatigado», es buen signo que los huesos estén mal, un signo seguro de
curación!. «¡No hay porqué tener pánico!». Hay que tomarse el tiempo que sea
necesario.
Sobre
el plano crerbral, ya que se puede, mirando atentamente, discernir el cebo de
un edema de la médula del cerebro, edema que está comúnmente generalizado en el
niño y los jóvenes, y la más de las veces circunscrito en las personas de más
edad. Pero en este estado, es raro que las complicaciones sean de temor a nivel
cerebral. En cambio, si el conflicto ha durado largo tiempo, es decir más de
seis meses, conviene además prestar atención a la hipertensión intracraneal. En
estos casos es recomendado recurrir «tan tarde como sea posible, pero tan
pronto como sea necesario» a la cortisona; en los adultos la hidrocortisona
retardada de 20 a 50 mg repartidos en el día y la noche, teniendo
particularmente en cuenta la habitual «vagotonía nocturna» entre las 21 horas y
las 3 ó 4 horas de la mañana. En los niños, la dosis es evidentemente menor.
Durante la leucemia se recurre tan tarde como sea posible a la cortisona,
porque frena la hematopoyesis, lo que naturalmente no es deseable. Se toma para
dominar la tensión intracraneal.
Sobre
el plano orgánico, ¡las principales complicaciones son la anemia y la
trombopenia con su tendencia a las hemorragias!. Es absurdo pretender que la
leucemia represente en este estado una «Insuficiencia inmunitaria». Todas las
supuraciones y otras infecciones bacterianas que se producen en el curso de
esta fase de curación pcl, son expresamente queridos y tolerados por el
organismo. Tanto como no se le manipule con citostáticos, el organismo dispone,
lo mismo que en la leucopenia, de suficientes leucocitos para asegurar una
cooperación armoniosa con sus amigos y auxiliares, las bacterias. Del mismo
modo, si el número de leucocitos cae hasta hasta 2.000 ó 1.000 por mm3,
no hay lugar para el pánico, todavía todo está en orden en este estadio.
Y lo
mismo si en este estadio se encuentran ya los primeros blastosd en la sangre
periférica, hay motivos para felicitarse, repitiendo que la leucemia es «una
suerte». El colmo de lo absurdo es querer pretender que los blastos
«entorpezcan» la médula ósea: se han olvidado de condecorar al que ha inventado
esta tontería.
Pero al
primer estadio, todavía no sabemos de esta invasión de blastos en la sangre
periférica. Lo que retiene nuestra atención en este momento son, en efecto, la
anemia, la leucopenia y la trombopenia.
La
anemia.
Hay sin
ninguna duda, anemia en este estadio, teniedo en cuenta que todavía la médula
ósea está en depresión hematopoyética. Como hemos visto más arriba, el número
de hematíes por mm3 aún desciende sensiblemente, pero únicamente por
el hecho de que el sistema vascular está totalmente lleno. De suerte que además
la sangre está diluida, además el número de eritocitos por mm3 es
fiable. La tasa de hemoglobina disminuye generalmente en la misma proporción.
Eso
significa que durante esta fase pcl de vagotonía una tasa de hemoglobina de 6
g% es una concentración de eritocitos de 2 millones por mm3 equivale
aproximadamente a una hemoglobina de 10 a 12 g% y en 4 millones de eritocitos
por mm3, en un estado de vasoconstricción simpaticotónica,
disminuyen el volumen vascular. No hay porqué tener pánico. En la fase pcl
(fase de curación vagotónica) el paciente se porta aún bastante bien con una Hb
de 6 g%.
Es que
el paciente -cuyo conflicto está definitivamente resuelto- continúa
verdaderamente sufriendo una disminución real del número absoluto de eritocitos
en la sangre circulante, o bien esta diminución no es más que disimulada por
las fluctuaciones de volumen, todavía no lo sabemos bien exactamente. Pero la
experiencia adquirida me lleva a creer que es posible que tenga aún una cierta
«depresión terminal» de la hematopoyesis, sobre todo si el conflicto previo ha
durado largo tiempo. Sin embargo, a partir del momento de la conflictolisis nos
encontramos también índices de una hematopoyesis aumentada propia de la sangre
roja. Solamente, la dilación de arranque de la hematopoyesis roja es un poco
más larga que la de la blanca. Pero como la anemia está casi siempre acompañada
también de una trombopenia que puede entrañar hemorragias muy enojosas, más
vale no correr riesgos: cuando la hemoglobina está por debajo de 7 g% y el
número de eritocitos es inferior a 2 millones por mm3, se debe
proceder a una trasnfusión de sangre -¡siendo además poco posible!. ¡El tiempo
no es una preocupación para el paciente!-. Es porque es mejor que no reciba más
que una dosis (450 ml) de eritocitos lavados, antes que «hacer el pleno», como
se hacía otras veces con pronósticos totalmente diferentes.
La
trombocitopenia, o trombopenia, es un factor de complicaciones no despreciable.
En los niños, especialmente, tengo siempre observado que el pánico es capaz de
hacer caer en poco tiempo el número de trombocitos. Se retablece muy
rápidamente cuando dicho pánico ha pasado, pero la tendencia a las hemorragias
está momentáneamente ahí y el paciente está de nuevo temporalmente en
simpaticotonía, no come, tiene náuseas, etc. Las hemorragias son
particularmente temibles en el tracto gastro-intestinal.
De una
manera general se puede decir que un paciente que no se envenene con
citostáticos, que se someta lo menos posible a una medicina brutal, pero que se
estabilice tanto como se pueda el plano psíquico en el que tiene aislado el
pánico, ¡tiene probabilidades óptimas de supervivencia!.
El
segundo estadio: todavía anemia y trombopenia, pero ya de leucocitosis, hasta
la lecuemia.
Es en
este estadio cuando son descubiertas la mayoría de las leucemias, de hecho que
los pacientes están tan abatidos y fatigados (lo que para la medicina clásica
es un muy mal signo).
Es
frecuentemente grotesco, sobre todo en los pacientes cuyo conflicto activo no
ha sido muy largo: he aquí un enfermo que parece estenuado y agotado, que
apenas puede sostenerse sobre sus piernas, tan molido y cansado. Pero que está
tumbado y tiene una salud a prueba de bomba, duerme como una marmota y tiene un
apetito de leñador. Es esta situación de bienestar, en donde el paciente acaba
de resolver con hechos su conflicto de desvalorización de sí mismo, comienza a
recuperar la confianza en sí mismo y a revalorizarse ante sus propios ojos,
aquí está confrontado brutalmente al diagnóstico: «lecuemia», seguido
inmediatamente después de un supuesto pronóstico lapidario: «no tiene apenas
esperanza...». Y al mismo tiempo a la supervivencia, que le es medida con
cuentagotas, no será más que un solo tormento infligido por los verdugos de
batas blancas, un suplicio servido por tajadas, de una transfusión a otra, la
cabeza pelada por la tortura de citostáticos agresivos y todo esto en la
penumbra de salas de tipo laboratorios, someramente alumbradas con neón, en
medio de incesantes habladurías sobre las numeraciones de los valores
sanguíneos, alrededor las caras compasivas de los vecinos contrastando con la
cara funcional y desilusionada del personal sanitario completamente
intelectualizado. Y cuando uno se da cuenta de que todo eso no era más que una farsa
gigantesca, una superchería dogmática impuesta por la fuerza, hay motivos para
coger una ictericia, ¡a uno le dan náuseas ante la brutalidad de estos
sádicos!.
Y si
por casualidad uno de estos pobres sanos y salvos, que ha escapado con acierto
a sus verdugos, tiene la suerte de encontraros en su camino, ¿por dónde pensáis
que haría falta comenzar la terapia?. En ningún caso por un hemograma, por la
numeración de valores sanguíneos, porque acaban de terminar precisamente sus
torturas. O por los desatinos pendientes, las prospecciones puramente
académicas sobre las probabilidades de supervivencia, los pronósticos fundados
sobre estadísticas, que no son más que farsas y supercherías. ¡No, tenéis
delante de vosotros a un pobre hombre torturado, un amigo y un hermano, que
debéis agoger con piedad!. Pero por piedad, no le habléis en un tono de
conmiseración como si diérais la limosna de una buena palabra a un moribundo,
del cual esperáis en secreto: «¡que pronto será liberado!». Pues bien no, ¡este
pobre bribón tendrá pronto tan buena salud como vosotros mismos siempre que le
tratéis como le hace falta!. No hay la menor razón de compartir con antelación,
una muerte que creéis inevitable.
Complicaciones
psíquicas.
Los
pacientes de este segundo estadio se encuentran en una situación más favorable
que los del primer estadio aleucémico. Tienen la suerte de estar ya metidos en
la fase leucémica, ¡la «suerte de la leucemia»!. Es lo que debéis decirle y
repetir al menos 10 veces por día, manifestando vuestra alegría y vuestra
confianza, ¡porque es verdaderamente un muy buen signo que la hematopoyesis
haya de nuevo arrancado de pleno!. A la llegada de un auténtico paciente
leucémico sería excelente organizar una pequeña fiesta celebrada en su honor,
hasta tal punto es divertido ver en un paciente alcanzar este estadio de la
leucemia. Y seguid detallándole como se llega a tener confianza en sí mismo, a
revalorizarse, ¡felicitadle y no paréis de hablar bien en lo que a él se refiere!.
Y si él mismo ha superado las torturas inflingidas por vuestros colegas, sin
estar de nuevo mutilado hasta lo más profundo de su ser por el horrible shock
de una nueva desvalorización de sí mismo, ¡entonces es verdaderamente un héroe
y merece ser tratado como tal!.
Os hace
falta descender de vuestro pedestal altanero de «doctor», desde hoy más que
nunca, ahora que os ha faltado bien reconocer que años y años sin interrupción
habéis engañado a vuestros pacientes con aires de grandeza para camuflar la
superchería. Estos pacientes no son «casos», sino seres humanos como vosotros y
yo. Y si otros médicos no han sido capaces de tratar a estos seres humanos como
se debe, como conviene, ¡es que no están calificados tampoco para la LEY DE
HIERRO DEL CÁNCER!. Un profesor ginecólogo en las cercanías de Reeperbahn, en
Hamburgo, me preguntó un día si se podía curar el cáncer por tratamientos
psíquicos. Le respondí que bajo ciertas condiciones se le podía curar muy bien.
Después de reflexionar, dijo que esta clase de terapia no le convenía en
absoluto, porque en ese caso le habría hecho falta entretenerse con sus
pacientes -que tenían un conflicto sexual y según mi sistema un cáncer de
cuello uterino- por sus sucios conflictos sexuales, de sus proxenetas, etc., lo
que no podría exigirse de él. Le respondí que de todas maneras no sería
humanamente capaz, pero eran seres humanos como él, y seguramente que para
estas pequeñas prostitutas sería al menos tan intolerable conversar con él de
sus hoyos de golf y que no veía diferencia fundamental, salvo la de la
arrogancia.
El día
que la LEY DE HIERRO DEL CÁNCER sea divulgada y que en Alemania también sea
verificada en la práctica médica, como es desde hoy en el Estado francés, y
mientras que la tortura mediaval del envenenamiento haya tomado fin, entonces,
el paciente leucémico será, en este segundo estado de curación, un «caso fácil»
por lo que se ha dicho del psiquismo. En efecto, ha resuelto su conflicto -sino
no tendría leucemia- y psíquicamente deberá encontrarse en el cénit, en una
fase «súper».
Cerebrales.
En esta
segunda fase de curación conviene prestar atención al cerebro. Se tumefacta,
como podeis daros cuenta en la coloración fuerte de la médula, así como en la
compresión del ventrículo lateral. Pero esto no es más que el caso de una
desvalorización de sí mismo generalizada. Cuando se trata de conflictos de
desvalorización de sí mismo bien circunscritos (por ejemplo conflicto
madre-hijo), no hay por lo común más que áreas bien específicas de la médula en
ser alcanzadas, ¡del mismo modo que solo áreas bien específicas del esqueleto
eran osteolisadas!. Véis entonces áreas bien circunscritas de la médula
aparecer en el escáner en un tono muy fuerte y eventualmente un sólo ventrículo
lateral particularmente comprimido. Es por consiguiente un arte encontrar la
dosis adecuada de cortisona o de otros simpaticotónicos: tan tarde como sea
posible, pero tan pronto como sea necesario. Se puede tener recursos también en
la adreno-corticotropina-hipofisaria (ACTH), pero no es tan fácil de
administrar por dosis. Pero en principio no hay reservas en formular. Una
posología no haría más que complicar las cosas, precisamente cada caso es
particular. Cuando el número de leucocitos es elevado, y más intenso ha sido
también el conflicto previo, más intensa será igualmente la tuemfacción del
foco de Hamer en la médula del cerebro. Pero para la medicina actual esto no es
del todo un problema insoluble, porque en esta historia puramente medicamentosa
la medicina tradicional está de nuevo en su dominio.
Orgánicas.
Desde
luego, la leucocitosis, es decir la sumersión de leucocitos (se trata en su
mayor parte de blastos) no constituye ningún problema, ni cuantitativo ni
cualitativo. En efecto, los blastos desaparecen de la sangre al cabo de unos
días, son destruidos y reemplazados por otros. Sin tener en cuenta que no son
absoluto capaces de división. Por consiguiente, la expresión «infiltración
leucémica» era un bulo propio para ilusionar a los ignorantes. En efecto, desde
el momento en que los blastos no pueden dividirse, no están naturalmente en
condiciones de hacer infiltraciones (¡se trata de infilitraciones
«carcinomatosas»!). Señalar que ya se ha encontrado muy a menudo en el cerebro
estas supuestas infilitraciones. Estos focos de Hamer -porque naturalmente no
puede tratarse de otra cosa- han sido cogidos por error en los resultados de la
leucemia, ¡cuando era en realidad la causa del cáncer de huesos y naturalmente
también del proceso de curación en el cerebro-ordenador!. Del mismo modo,
sostiene que la proliferación excesiva de leucoblastos puede infartar, obstruir
o manchar la médula ósea -lo he mecionado más arriba-, relevo del cuento de
hadas médico. Estos no son más que desechos inofensivos, que son destruidos en
unos días, hasta que la producción acaba por no abastecer más que células
normales. Los blastos no constituyen en absoluto un problema, puesto que hay
constantemente de 5.000 a 10.000 leucocitos normales, independientemente del
número de blastos en la periferia.
En
cambio, es siempre la anemia de las células sanguíneas rojas, de los eritocitos
y trombocitos, quien continua poniendo los problemas en este estado. En este
dominio, la situación no está aún modificada con respecto al primer estado.
Pero actualmente, estos problemas son dominables por completo, ¡no hay que
tener pánico!.
El
tercer estadio: principio de la proliferación intensa de eritocitos en la
periferia, alrededor de 4 a 6 semanas desde el principio de la proliferación
intensa de leucoblastos.
¡Hurra,
ahora hay motivos para alegrarse, la superproducción eritocitaria arranca!. He
aquí como se ceba sobre el plano hematopoyético el mismo proceso que comenzó de
4 a 6 semanas antes para los glóbulos blancos. En su gran mayoría, estas
células sanguíneas rojas no llegan a madurar, son desechadas: cuando se las
reconoce como tales, se les llama normo blastos, si bien se les encuentra en la
sangre circulante de los leucoblastos junto a los normoblastos o eritroblastos.
Para los hematólogos, esta combinación es doblemente diabólica. Hablan entonces
de eritroleucemia y anuncian siempre un fin próximo. Para extirpar o exorcisar
estos dos demonios atacan con rabia diabólica en el envenenamiento por los
citostáticos más agresivos y ¡llegan casi siempre a envenenar de muerte al
paciente que se encontraba ya en el tercer estado de curación!. No os
comprometáis más en lo sucesivo en esta lamentable caza de fantasmas
diabólicos. Hace seis años, estábamos simplemente ciegos, y reconozco que hace
cuatro aún no lo veía claro. Pero ahora hace tres años que es público, y por
tanto este descubrimiento continua silenciado, ¡al tiempo que es reprimido
sistemáticamente el conjunto de la LEY DE HIERRO DEL CÁNCER!.
¡Atención!.
Una gran parte de los eritocitos inmaduros, los eritroblastos, son desechados,
la mayoría funcionalmente ineptos para transportar oxígeno. He aquí porqué la
sangre contiene ahora cantidad de leucoblastos junto a leucocitos en cantidad
normal, así como muchos eritocitos inmaduros o eritroblastos, ¡junto a un
número todavía reducirdo de eritocitos capaces de funcionar normalmente!.
Ocurre lo mismo con los trombocitos. De ahí resulta una anemia hipercrónica (la
producción hemoglobina/eritrocitos es inferior a lo normal). Sin embargo, esta
definición es también inexacta, puesto que no se puede, de hecho, tener en
cuenta las células rojas inmaduras.
Plano
psíquico:
Sometido
a un tratamiento correcto, conforme a la Ley de Hierro del Cáncer, el paceinte
no tendrá más problemas psíquicos si ha sido tratado inteligentemente durante
los dos estados anteriores. Naturalmente ocurre todo lo contrario si un
paciente viene a tratarse durante el curso de este tercer estado. Es aún pero
si ha tenido hasta aquí un cierto número de sesiones de envenenamiento de la
médula ósea (envenenamiento con citostáticos) y ¡ahora os hará falta curar
todas las consecuencias de la pseudoterapia!. Aunque así sea, si el paciente ha
alcanzado este estado a pesar de todos los exorcismos del diablo, siguiendo un
tratamiento concienzudo no puede pasar gran cosa. He ahí porqué podéis -y
debéis- animarle sin reservas, ¡lo que es perfectamente legítimo!.
Plano
cerebral:
En este
estadio hace falta prestar buena atención al plano crebral. Para los ignorantes
es, cerebralmente, el estado más peligroso. este peligro existe sobre todo para
los niños ante la desvalorización de sí mismos generalizada y, por
consiguiente, ante el edema generalizado de la médula y ante la compresión
correspondiente de los ventrículos laterales en este tercer estado de curación.
Más vale hacer un escáner cerebral de sobra, antes que menos, si existe una
duda. Por cierto, también ahí la regla óptima es además la de administrar un
poco de cortisona, sólo mientras sea necesario. Pero en este estadio, se os
permite aflojar un poco la rienda. Ahora se trata de no correr más riesgos
porque habiendo comenzado la proliferación intensa de eritocitos y leucocitos,
también inmaduros, la cortisona no puede dañar mucho más a la médula ósea. Es
este estadio conviene trabajar consciente y competentemente. No hay porqué
tener pánico, pero éste no es el momento para hacer experimentos. Hace falta
que el paciente pueda tener total confianza en vosotros, ¡que sea convincente
que domináis la situación y la podéis dominar!.
Plano
orgánico:
Es en
este estadio cuando se cometen, orgánicamente hablando, la mayor parte de las
tonterías. Todavía es muy comprensible hoy día, ya que el paciente está
molesto, de un lado a otro, perseguido constantemente por la inquisición de la
medicina clásica. Está particularmente amenazado por los «dolores óseos» que
son en realidad dolores provocados por la tensión del periostio. En efecto, el
periostio está provisto de una muy buena inervación sensitiva. Mejor preparad a
vuestros pacientes ante estos «dolores de curación ósea», a los que hace falta
esperar, pero les será fácil superarlos: hasta se puede decir que les aguarda,
que se desea que vengan. Por suerte, evitáis el temor y el pánico. Este
paciente no tiene necesidad más que de un poco de medicamentos antiálgicos. En
este estadio, muchos de mis antiguos colegas están desamparados cuando
numerosas células sanguíneas comienzan a subir. Se ponen a consultar
furtivamente un manual clásico, donde todo se presenta de manera completamente
diferente. El paciente se da cuenta inmediatamente, de que el médico se ha
quedado obsoleto. Dentro de poco se producirá todavía más desdicha por el hecho
de que los médicos y los pacientes gritarán victoria demasiado pronto y
llegarán a ser imprudentes. No os fiéis de los eritrocitos por numerosos que
sean, prestad mucha atención a los trombocitos. Además, el tercer estadio puede
durar bastante tiempo, precisamente en función de la duración del conflicto. He
aquí porque muchos pacientes pierden la paciencia durante esta fase, acaban por
tener bastante. A decir verdad, esto es ya problema del cuarto estadio.
El
cuarto estadio.
De
hecho, el cuarto estadio podría ser el más hermoso: el paciente podrá
considerarse fuera de peligro. La eritropoyesis comienza a normalizarse a ojos
vista. En efecto, mientras que los leucoblastos comienzan a proliferar
intensamente más pronto y desaparecen luego más tarde que los eritroblastos,
que proliferan después, pero que se normalizan de nuevo más pronto, todo
podría, en este estado, seguir su cirso, por poco que se comprenda, como hace
falta, el proceso de curación. En este estado, los trombocitos no presentan
ningún peligro; por suerte, el reisgo permanente de hemorragia interna, o de
hemorragia intestinal, ha terminado por desaparecer.
Plano
psíquico:
El
paciente se siente aún fatigado, pero aparte de eso, va bien, salvo que en este
estadio tiene frecuentemente fuertes dolores óseos causados por la tensión del
periostio en torno a la ostéolisis en curación o en recalcificación. Estos
dolores óseos pueden ser excesivamente fuertes y la influencia de la carga
psíquica del paciente es todo un arte. Sobre todo si es de carácter inestable,
el enfermo arriesga soltar la presa y exigir calmantes que, por su fuerza,
tienen un efecto desastroso sobre la trombocitopoyesis.
Es pues
importante saber esto: el paciente no se imagina los pretendidos dolores óseos,
que son provocados por la tensión del periostio, realmente los tiene. Por lo
demás, la extensión del periostio se puede verificar muy bien sobre cantidad de
tomografías de los huesos. Sin embargo, los dolores no llegan a ser
insoportables si el paciente no coge pánico. Mis pacientes, que habían
comprendido los vínculos de causalidad, raramente pedían calmantes («una vez
que supe que el dolor es un signo de curación, debían de llevarlo con
paciencia, y al contrario, a veces estoy confundido cuando el dolor desaparece,
pues tengo miedo de que la curación se pare», me decía un paciente). ¡Un
paciente que ha comprendido que el sistema no tiene en absoluto necesidad de
morfina!. La cortisona es menos nociva que la mayoría de los calmantes, que
tienen generalmente un efecto sedativo, vagotrópico, ¡y por esto todavía
acentúan el edema de los huesos y la tensión del periostio!.
|
N.B. No hay que practicar jamás una punción sobre un periostio forzado por encima de una ostéolisis ósea en vías de curación. Arriesgaríais seguro de provocar un callo perióstico, un «osteo-sarcoma». ¡Pracrticar una punción o una incisión sobre semejante periostio es simplemente toda una falta de profesionalidad!. |
Plano cerebral:
Es en
el curso de este cuarto estadio -a veces también en el tercero- cuando el edema
cerebral local alcanza su punto culminante. El paciente puede sufrir una crisis
epileptoide, que no se acompaña ni de calambres, ni de disneas, sino que no se
nota más que una cierta centralización. El paciente está pálido, tiene sudor
frío en la frente, está inquieto. En este caso se recomienda administrar
inmediatamente de 50 a 100 mg. de hidrocortisona por vía intravenosa, lentamente.
Es el edema cerebral local el responsable de esta centralización. La crisis
epileptoide sobreviene en todos los casos, pero la mayoría de las veces no es
dramática. Hace falta verificar siempre la tasa de glicemia y mantenerla en el
valor normal. A título preventivo está recomendado la administración inicial de
glucosa por vía intravenosa y oral. ¡Desconfiad de las perfusiones en este
estadio del edema cerebral!. Podríais ahogar literalmente al paciente. Además,
se recomienda no poner la cabeza del paciente baja, sino mantenerla alzada, más
alta que el cuerpo, de manera que el edema pueda derramarse. Es un medio muy
simple de dominar el edema: enfriar el foco de Hamer, cuyo calor es perceptible
a través de la piel del cráneo, con un saquito de hielo envuelto en un paño.
Lo
esencial es que el paciente no tenga pánico. En efecto, jamás he visto a un
paciente morir por semejante crisis epileptoide de desvalorización de sí mismo
en tanto no aparezca el pánico.
Plano
orgánico:
Igual
si en este cuarto estadio los valores sanguíneos comienzan a normalizarse
progresivamente, ¡no hace falta ser imprudente!. Esto vale particularmente para
los trombocitos. ¡Un solo shock de miedo es capaz de hacer caer momentáneamente
los trombocitos!. No sirve de nada decir que una vez que el paciente se reponga
de su shock, se podrán subir de nuevo. En el intervalo se pueden producir
muchas cosas. He aquí porqué importa que el paciente pueda curarse
inmediatamente «sin pánico», donde no se arriesgue a producir este tipo de
shock de pánico. Jamás se podrán eliminar completamente, ¡porque para eso haría
falta suprimir el teléfono!.
El
quinto estadio: el paso a la normalidad.
Hace
falta que este estadio sea el abrigo de toda especie de complicaciones
notables. Así pues no se extenderá por más tiempo en este punto.
Si he
enumerado todas las complicaciones posibles, tales como las que podrían
producirse en los estadios correspondientes, eso no significa que no sean
absolutamente inevitables. Por otra parte: una vez que los médicos sepan en qué
hace falta prestar atención, generalmente no suceden esos problemas. El
principal handicap, hasta aquí, eran los errores de juicio, de los cuales
figuraba en primer lugar la puesta entre paréntesis del psiquismo.
OBSERVACIONES
PRELIMINARES SOBRE LOS CASOS DE LEUCEMIA.
Los
casos de leucemia presentados aquí deben haceros comprender tanto comos sea
posible el sincronismo de los tres planos psiquismo-cerebro-órgano. Estoy muy
seguro de poder exponeros otros ejemplos concretos. ¡Si superáis el trabajo que
me ha costado conseguir los escáners cerebrales que necesitaba y las
radiografías del esqueleto!. ¡Es que los hematólogos y los cancerólogos juzgan
eso absolutamente superfluo!. He hecho falta por ejemplo que los pacientes
simulen cefáleas y encuentren un médico comprensivo para conseguir sus
peticiones. Es por lo que no me ha sido posible presentar en todos los casos
los tres planos. Sin embargo, como ciertos casos valen la pena ser descritos,
he cogido una parte de esa laguna. De hecho que por razones financieras me ha
sido necesario limitar las ilustraciones, esforzándome siempre por aportar
fotos tan típicas como sean posibles, aunque he preferido mostrar series
completas recordando la evolución de los casos.
¿Qué es
necesario ver en los clichés?.
1. Psiquismo:
Hace
falta que el paciente haya tenido un conflicto de desvalorización de sí mismo,
que debe estar resuelto, puesto que hay leucemia. En efecto, no existe leucemia
sin conflicto resuelto. Conociendo el estado de la leucemia, se puede deducir
con certeza la fecha de la conflictolisis. Es importante encontrar el D.H.S. y
el contenido especial del conflicto.
2. Cerebro:
Lo que hay de típico en la leucemia, no es solamente que se encuentre un foco de Hamer incrustado en la médula del cerebro, sino que hace falta que sea localizado en un lugar completamente especial, que está en función del contenido del conflicto. Y estas localizaciones cerebrales deben coincidir exactamente con las de las ostéolisis óseas.
Y del mismo modo, cuando nos encontramos aparentemente con un conflicto de desvalorización de sí mismo generalizado, observamos muchas veces algunos focos de Hamer muy incrustados en el interior de la médula, que es de color oscuro en función del edema generalizado. Por último hay mucha confluencia, pero en ciertos estadios se llega a pesar de todo a distinguirlos.
3. Órgano:
No hay leucemia sin que previamente haya habido un cáncer de huesos en fase activa. Cáncer de huesos significa ostéolisis de huesos (ver capítulo sobre el cáncer de huesos). Los reveladores cerebrales de los huesos del esqueleto son ordenados en el cerebro lo mismo que un bebé acostado cuando está enfermo. He añadido aquí la tabla para evitaros trasladaros continuamente. La médula derecha corresponde por consiguiente a la mitad izquierda del sistema esquelético y viceversa. A condición de haber fotografiado con bastante precisión en el escáner cerebral, hace falta que a cada una de las ostéolisis corresponda un foco de Hamer en el hemisferio opuesto a la médula, a saber exactamente en el lugar habitual de la misma previsto a este efecto.
Bien
entendido, hace falta que el hemograma -la hematopoyesis- esté sincronizada,
así como lo que concierne a la leucopenia y la anemia en la fase activa del
conflicto (y aún en el primer estadio después de la CL), como lo que concierne
a la leucocitosis y la eritremia, la eritroleucemia. Teniendo en cuenta la edad
del paciente y la duración del conflicto, así como su intensidad, es necesario
que todo esté perfectamente sincronizado.
Podré
demostraros con la ayuda de los ejemplos siguientes que la leucemia no es una
ruleta rusa, donde nadie sabe cómo va a terminar, sino que es muy ingeniosa y
muy comprensible. Solamente así me creeréis, cuando comprendáis porqué nos
basamos en esperar que en lo sucesivo casi todos los pacientes podrán recobrar
la salud. ¡No hay nada en la medicina que esté más conforme a las leyes naturales
como esto.
|
PSIQUISMO. Naturaleza de la desvalorización de sí mismo. |
CEREBRO. Localización en la médula del cerebro. |
ÓRGANO. Localización de la ostéolisis del esqueleto. |
|
Desvalorización intelectual-moral. |
Médula frontal. |
Osteólisis de la bóveda y de las cervicales. |
|
Desvalorización en la relación
madre/hijo; padre/hijo. |
En los diestros frontal: médula
derecha; En los zurdos frontal: médula izquierda. |
Osteólisis en el hombro
izquierdo. Ostéolisis en el hombro derecho. |
|
Desvalorización de sí mismo debido a aptitudes y destrezas manuales. |
Médula frontal. |
Ostéolisis de los huesos del brazo. |
|
Desvalorización central de la personalidad. |
Médula lateral. |
Ostéolisis de las lumbares y dorsales. |
|
Desvalorización de sí mismo por debajo de la cintura. |
Médula temporal-occipital. |
Ostéolisis del bazo. |
|
Desvalorización de sí mismo en la relación de pareja. |
En los diestrso frontal
izquierdo; En los zurdos frontal derecho. |
Ostéolisis del hombro derecho. Ostéolisis del hombro izquierdo. |
|
Desvalorización de sí mismo por no-deportista. |
Médula occipital. |
Ostéolisis de los huesos de las piernas. |
|
HEMATOPOYESIS de la médula ósea. En todos los conflictos de
desvalorización: Fase activa del conflicto: Depresión de la hematopoyesis. Fase pcl: Leucemia. Más tarde: Eritrocitemia y trombocitemia. |
Nota: Hemisferio derecho para el lado izquierdo del esqueleto.
Hemisferio izquierdo para el lado derecho del esqueleto.