El arte de la cura espiritual
Joel Goldsmith

Instrucciones prácticas para los trabajadores.

 

El primer requisito para la persona que practique la curación espiritual, incluso si fuese para él mismo, es poseer una conciencia espiritual desarrollada, porque toda curación es el resultado de una conciencia individual, la tuya o la mía. No depende de Dios; no depende de la conciencia de Dios o de la conciencia de Cristo en abstracto, sino de la conciencia individual elevada a las alturas de la conciencia de Cristo, que es Dios-poder que hace posible que se lleven a cabo las tareas de Dios. Sin embargo, si el sanador no mantiene su conciencia llena de verdad y amor, los que le toquen en el camino de la vida no le encontraran realizando los trabajos de Dios, extendiendo la armonía y la paz hacia el mundo exterior.

Jesús, el mayor sanador espiritual que se haya conocido nunca, vivió, se movió y mantuvo su ser continuamente en la comprensión del Padre en el interior, y por esa razón pudo realizar los trabajos de Dios y decir con convicción: "Él que me enfurece, le enfurece a él que me envió". Indudablemente si ahora mismo tuvieses un problema y se te diese la oportunidad de elegir a un sanador entre todos los del mundo y de entre todos los tiempos, inmediatamente recurrirías a Jesucristo con la absoluta certeza de recibir tu curación. Pero, si es Dios quien cura o si es la conciencia impersonal, abstracta de Dios o de Cristo, ¿por que querrías a Jesucristo en particular? ¿No es porque Jesucristo, hasta donde nosotros sabemos, tenia el mayor grado de revelación y comprensión de la conciencia de Dios?

Si no pudieses obtener la ayuda de Jesús, ¿a quién recurrirías entonces? Por tu conocimiento de las Escrituras, probablemente sería Juan, y luego a Pedro o a Pablo porque demostraron en su trabajo de curación la tremenda profundidad de su capacidad espiritual y su conciencia espiritual.

El sanador es siempre la conciencia de cualquier individuo que haya alcanzado en alguna medida la conciencia de Cristo, y la medida alcanzada determina el grado del trabajo de curación. Hay algunos que creen que la capacidad de curar es algo así como un don especial conferido a unos pocos elegidos y que por consiguiente, se convierte en un privilegio exclusivo. Pero realmente un sanador es un grado de conciencia de la verdad desarrollada, y su conciencia tendrá poder en la medida en que esté empapado con la verdad.

Por la gracia de Dios, la conciencia de Dios se comprende como conciencia individual. Pero, ¿cómo?, puedes preguntarte: "¿Cómo alcanzo esta conciencia? ¿Cómo la consigo? ¿Cómo salvo el trecho que hay de ser un hombre de negocios o un ama de casa a llegar a ser un instrumento para la curación espiritual?"

A cada paso de tu revelación, está bien recordar que no se puede hacer ningún progreso espiritual sin la gracia de Dios, y ésta, tu solo no puedes conseguirla por muy decidido que estés, por mucho entusiasmo que pongas en ello o por mucha fe que tengas. Debes darte cuanta de que no fuiste tú, por ti mismo, el que te prestaste a este estudio, sino que Algo te impulsó, y el Algo que te impulsó está dentro de ti. El impulso siempre viene de dentro.

Sobre aquellos que entran en el ministerio de la curación espiritual recae una gran responsabilidad, y se les demanda el mayor entendimiento. Traerán las bendiciones más ricas a la humanidad, pero habrán amontonado sobre ellos toda la maldad que le mundo humano pueda arrojarles. Nadie debería entrar en este ministerio espiritual a menos que Dios le cogiese por el cuello y lo empujase dentro; e incluso en este caso, si puede resistir la llamada debería hacerlo. En ministerio espiritual no es su lugar - no es lugar para nadie - a menos que ese Algo interior insista: "No hay ningún otro camino".

Se le exigirá todo el valor espiritual que una persona pueda reunir para resistir el antagonismo que tiene el mundo por la verdad y hacia aquellos que se agarran rápido a la verdad. No radica en la capacidad de cada uno como ser humano para obedecer la llamada espiritual, sino en la proporción en que la gracia de Dios haya caído sobre él, porque sólo entonces puede poseer esa gran luz que es necesaria

El sanador o profesor se convierte en una proyección de la actividad de Dios. Es su función mantener tal conciencia de la verdad que, cuando un estudiante o paciente llega a la conciencia de ese sanador, no encuentra allí nada más que verdad y amor. Por ejemplo, si una persona se dirigiese a un sanador cuya conciencia ha llegado a ser una proyección de la sabiduría espiritual, sentiría la actividad espiritual como un asentamiento en un estado de paz y plenitud. En la medida que un sanador se mantiene lleno de ideas de verdad y amor, la falta de armonía y las desavenencias se eliminan de la experiencia de aquellos que recurren a él para pedirle ayuda; e incluso aquellos que pasen a su lado en la calle, en la medida que se acerquen, se alimentarán de su conciencia porque hay una comprensión continua:

Ya que Dios es mi conciencia, y Dios, o la Verdad, llena mi corazón y es la sustancia y actividad de ella, esa Verdad es la sustancia de la forma de todo dentro de mi universo, incluso si se aparece como un árbol o una flor, un enemigo o un amigo. Todo en mi universo responde a esa conciencia.

Abrazo mi universo dentro de mi conciencia, un universo formado de y por esa conciencia; y debido a que mi conciencia está llena con la Verdad, mi universo manifiesta la actividad, cualidad y sustancia, la naturaleza y el carácter de la Verdad, de la eternidad y la inmortalidad.

Permanezco en el umbral de mi conciencia, no permitiendo que entre nada de naturaleza discordante, manteniéndola en su pureza como en ese lugar a través del cual Dios fluye hacia todo el mundo. Todo el que entre en mi morada espiritual, mi templo, encuentra en su interior la paz y el júbilo que se convierte en la sustancia de su ser, de sus cuerpos o de sus carteras. Esta conciencia de Dios los envuelve, los gobierna y los sustenta, y revela esta verdad como la verdad de su propio ser individual para que ellos, en su momento, se conviertan en una ley no sólo para ellos mismos sino para todo el que se dirija a ellos para pedir ayuda.

La conciencia, empleada con la verdad, realizará los trabajos de curación, ya sea tu conciencia o la mía. Todo en tu mundo toma el cariz de tu conciencia, y cualquier grado de no armonía y discordia en tu mundo es un reflejo del punto hasta el que has permitido que las creencias del mundo traspasen la puerta de tu conciencia. ¿No ves, entonces, cómo te conviertes en una ley sobre tu universo en la proporción en que la conciencia de Cristo se hace cargo de tu vida?

Cada vez que una evidencia de discordia se te presenta, debes reinterpretarla hasta que esa reinterpretación consciente se convierta en un hábito y ya no funcione ningún otro proceso. Cada vez que alguien te pida ayuda, al menos durante uno, dos o tres años, puede que tengas la voluntad de dar el mejor tratamiento que conozcas. Pero después de un o dos años dando cientos y cientos, quizá incluso miles de tratamientos, la verdad está tan incrustada y encarnada en tu conciencia y vives en tan alto estado de conciencia que cuando alguien te pide ayuda puedes, simplemente, responder: "Estoy contigo", y éste será tratamiento suficiente. Pero eso sólo será posible después de que hayas proporcionado los suficientes tratamientos como para haberte establecido en la completa comprensión de la verdad.

A menudo se pregunta: "¿Qué impide una curación? ¿Por qué la verdad no siempre es efectiva o no siempre funciona? ¿por qué tarda tanto en algunos casos?" Hay una docena de respuestas distintas, ninguna de ellas enteramente satisfactoria. Una es que puede que el sanador en ese momento no se haya elevado a un estado de conciencia lo suficientemente alto. En algunos casos cuando los discípulos no conseguían sanar, el Maestro decía: "Este linaje no se expulsa sino con la oración y el ayuno", lo que nos lleva a creer que hay un tipo de petición que no responde al tratamiento ordinario. Se requiere algo más alto, algo en lo que sólo el propio Jesús era el maestro.

Encontrarás que hay peticiones que vencen al sanador que trabaja a nivel espiritual que no vencerán al sanador que trabaja en el nivel mental. Hay gente que no recibe curación de la medicina, y cuando esas mismas personas encuentran un practicante de la ciencia mental, responden muy rápidamente. Pero por otra parte, hay mucha gente que no responde al tratamiento mental y sólo encuentra ayuda en un sanador que trabaja en el plano espiritual. Cada individuo debe dirigirse hacia dentro de sí mismo y, si es sincero, será guiado al sanador que pueda satisfacer su necesidad.

A veces el sanador no conseguirá solucionar ciertos casos incluso en el plano espiritual, y aunque pueda tener que ver con el hecho de que, en ese momento, no se encuentre en un nivel de espiritualidad lo suficientemente alto, puede ser también que el paciente todavía no esté listo para ceder, para dejar su sentido material de la existencia o cualquiera sea la naturaleza del estado de conciencia que lo mantiene atado a la petición. A veces el trabajo del sanador obligará al paciente a ceder, pero otras veces se aferrará a algún estado de conciencia que haci casi imposible que pueda ser sanado.

Hay más en la curación que el simple restablecimiento del bienestar físico del cuerpo. A veces es mucho más importante que el individuo sea despertado espiritualmente a que tenga una simple curación física. En este caso, puede que el sanador no sea capaz de ayudarle a que esto ocurra, pero después lo normal es que la curación física llega rápidamente. Es responsabilidad del sanador continuar hasta que el individuo se despierte, pero no es el sanador el que le despierta, Cristo, a través del reconocimiento de la verdad por parte del sanador, le despierta.

Muchos tratamientos no son efectivos por la simple razón de que no son comprensiones bien definidas de la verdad del ser. La gente declara la verdad, pero ésta es confusa, y muchas veces sus declaraciones son contradictorias. Un sanador espiritual debe ser tan nítido en su comprensión de la verdad como un músico o un matemático en su entendimiento de la música o las matemáticas. Un ápice de confusión en las matemáticas provoca la respuesta equivocada. Así que es también de vital importancia tener un entendimiento agudo y claro de cuales son los principios de la curación espiritual para hacer que un tratamiento sea efectivo.

Tu conciencia de la verdad será una ley de armonía para tu universo, siempre que sea una conciencia claramente definida; pero si es confusa, se producirá una manifestación confusa porque sólo has aplicado a la situación un concepto de la ley confuso o inadecuado. No puedes sentarte ociosamente y esperar a la manifestación de la armonía; debes hacer algo al respecto, y ese algo es mantener la verdad del ser como actividad de tu conciencia.

El sanador se convierte en una ley de armonía para sus pacientes en proporción a la verdad que mantenga en su conciencia; pero si permite que los pensamientos del mundo ocupen su atención o si consiente un sentido personal de "yo", "a mi", o "mio", no tendrá exito en su ministerio espiritual. Un sanador debe darse a conocer y permanecer apartado. En especial debe elevarse en su integridad espiritual porque la gente le confia el destino de sus almas en un nivel determinado de su revelación. Esta es una confianza sagrada, y para mantenerla inviolada, debe abandonar el mundo entero para poder vivir y moverse y tener su ser, mañana, tarde y noche en la Consciencia Divina.

Los sanadores profundamenete implicados en la vida social o familiar raramente pueden tener éxito porque las necesidades de sus pacientes y estudiantes deben tener preferencia sobre toda otro obligación. Sólo dedican a sus familias el poco tiempo que les queda libre después de llevar a cabo las responsabilidades de su práctica y ministerio. No hay espacio en un ministerio espiritualpara actividades sociales; no hay tiempo libre para tener muchos amigos, ni para una participación activa en sociedad o en la vida politica, aunque ningún sanador debe nunca eludir sus obligaciones como ciudadano responsable de su comunidad, su nación y su mundo.

Cuando una persona se introduce en el ministerio de la curación debe separarse, en gran medida, de sus contactos humanos para mantenerse en un estado de consciencia espiritual en el que siempre esté listo para toda llamada que reciba. Esta vida es la vida del Alma y necesita un morir a las cosas del mundo.

Del mismo modo que el sanador no debe permitir que sus relaciones personales -familiares o sociales- invadan su tiempo hasta el punto de sacarle de un nivel de consciencia alto, también debe guardarse de invasiones similares por parte de sus pacientes o grupo de estudiantes. Por mi experiencia en este trabajo he tomado como norma limitar las llamadas de telefono a unos tres minutos. La razón de esta limitación del tiempo es que otros que llamen encuentre la linea libre y que mi conciencia no se sature con cosas no esenciales.

La curación espiritual se consuma sólo por medio de una comprensión real de Dios. No tiene nada que ver con los nombres de la gente o con los nombres de la enfermedad o condición; tiene que ver con conocer la verdadera identidad de aquellos que se te aparecen como pacientes. Como sanador, no tienes derecho a interesarte por el nombre del paciente, el nombre de la enfermedad o su diagnostico; aunque ningún sanador que se precie dejaría nunca de expresar amabilidad, amor y compasión hacia todos aquellos que recurran a él con sus problemas. Escucha de manera inteligente, pero no oye porque sabe que la omniciente Sabiduría infinita que es la realidad del ser, lo sabe todo y no es necesario que se Le diga el nombre de la persona o el nombre de la enfermedad. Es una inteligencia infinita que conoce las necesidades antes de que tú y tus pacientes las conozcais.

Extractado del libro "El arte de la curación espiritual" Joel Goldsmith
RCR ediciones España.

La necesaria percepción de Dios

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La Gran Invocación
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