Copiloto
Si nunca más tus ojos,
la trayectoria azul de tu mirada,
si nunca más tus manos,
maneras de girar contigo en las esquinas,
si nunca más tus besos,
pedacitos de fiebre, en la boca, de a ratos,
si nunca más tu piel,
hemisferios del éxtasis en las tres dimensiones
si nunca más tu pelo,
cifra binaria acariciada y rubia,
si nunca más tu voz,
arlequin que narraba leyendas verdaderas,
si nunca más tu nombre,
si nunca más tu aire,
si nunca más tu risa,
si nunca más mi vida....
Si un día se opusieran
a las necesidades historicas que me alientan
y me castraran los enviones que pegué desde chico,
si un día me negaran
la contemplación que otorgo
a mis sentidos para ennoblecerlos,
si un día desprendieran
del agujero más grande del mundo
una excusa global para frenarme,
si un día les ocurriera
invertir el dogma y la moral de este habitat
y robarme el derecho del odio que tengo,
si un día enfilaran
las púas deleznables de la mediocridad
hacia el núcleo blindado de mi cerviz,
ese día,
mis hijos,
tendrán un padre menos.
La noche;
todas las noches viene,
y se sienta sobre la mesa donde escribo.
Aunque he intentado
quince mil seiscientas noventa y cinco veces
de impedirlo,
aún no lo he logrado.
Ella, sigue leyendo
antes que tú,
mis poemas.
Me dices que no escribo...
Anoche regañaste mi indolencia,
esta forma de copa insatisfecha
donde bebo las horas y dejo el tiempo
burbujear libremente sobre los compromisos cotidianos;
te sobrepusiste al cóncavo femenino de tu paso atrás
para exigirme
más versos
más ínfula en los dedos
más alboradas contra el viento,
más faraónico el gesto
sobre el reinado de la palabra humeante.
Me dices que no escribo...
Y es cierto,
ya no hundo contra el filo de un papel
la espesa geografía del poema;
estoy algo cansado,
(como esas hojas posteriores del otoño
que aún no se han armado de la energía clorofílica
para caer al suelo
y displicentemente, se mantienen prendidas,
casi aéreas,
en la rama aletargada que se acostumbra a ellas)
No escribo,
tengo ganas de nada,
estar,
bajar los ojos al fondo de la inercia
y quedarme alhelí;
quietud,
hacer tic tac con un vacío ausente
al lado de una playa,
ser el mar ronco y bruuuummmm¡¡
ser la lluvia que espera el autobús
ser un hilo en el no,
masticar lentamente.
No moverme y sentir
como vienes a casa, y esperar que me digas
que no escribo,
y besarte, y escuchar que me llamas
la atención,
y tirarte en la cama
y morderte la lengua
y tocarte los pelos
y amarte, !amarte sí¡
como una tempestad,
como una catarata,
como un volcán rabioso,
como una luna en llamas,
y ver como el poema,
y ver como el poema,
me nace entre las sábanas.